La salud que sentimos: la percepción se desploma a niveles de 1987
Los argentinos se sienten peor con su salud pese a vivir más años, una tendencia que preocupa a Córdoba.

La salud que sentimos: la percepción se desploma a niveles de 1987
Lead: Según los últimos indicadores publicados por el INE y el Ministerio de Salud el 25 de octubre de 2026, sólo el 68,3% de los argentinos valora su salud como buena o muy buena, una caída de 5,8 puntos respecto al año anterior y el peor registro desde 1987.

Una caída histórica en la percepción de la salud
Los avances médicos permiten vivir más años, pero la sensación de bienestar no ha seguido el mismo ritmo. El estudio nacional muestra que la autopercepción de salud ha retrocedido a niveles que sólo se habían registrado hace casi cuatro décadas. Este descenso no se limita a un grupo etario; afecta a jóvenes, adultos y adultos mayores por igual, lo que sugiere que factores estructurales, más allá de la presencia de enfermedades, están influyendo en la forma en que la gente se siente.
Brechas de género y clase social que amplifican la crisis
El retroceso presenta una marcada diferencia de género: la proporción de hombres que se califican con buena salud bajó 4,4 puntos, situándose en 73,6%, mientras que entre las mujeres la caída fue de 7,1 puntos, quedando en 63,1%. La disparidad se agudiza cuando se cruza con la clase social. En la categoría alta, el 74,4% de las mujeres declara gozar de buena salud; en la clase baja, esa cifra se desploma a 55,9%.
Geográficamente, las comunidades autónomas con peor percepción son Galicia (61,6%), Canarias (63,8%) y Asturias (65,1%). En la República, la heterogeneidad de los resultados refleja la interacción entre nivel educativo, acceso a servicios y la creciente carga de enfermedades crónicas, que según la encuesta pasó del 57,7% al 66,2% en apenas dos años.
¿Qué implica este escenario para Córdoba?
En la provincia de Córdoba, los datos oficiales del Ministerio de Salud Provincial revelan una tendencia paralela: la autopercepción de salud se sitúa en torno al 70%, ligeramente por encima del promedio nacional, pero con una brecha de género similar. Los barrios periféricos de la capital, como Villa del Totoral y La Cañada, presentan índices de salud percibida cercanos al 58%, mientras que zonas como Nueva Córdoba y Güemes superan el 78%.
Esta disparidad tiene consecuencias directas en la demanda de servicios de salud pública. Los hospitales municipales reportan un aumento del 12% en consultas por estrés y trastornos de ansiedad, y los centros de atención primaria ven crecer los turnos de prevención y control de enfermedades crónicas. Además, la percepción negativa influye en la adherencia a tratamientos: pacientes que creen estar peor tienden a abandonar la medicación, lo que encarece el gasto público.
El sector privado también siente el impacto. Las clínicas de la zona norte, que atienden a la clase alta, reportan una mayor demanda de programas de bienestar y medicina preventiva, mientras que los centros de salud comunitarios luchan por recursos para atender a una población que siente que su salud se deteriora rápidamente.
Raíces de la percepción de salud en Argentina
El concepto de salud autopercibida no es nuevo. Un estudio pionero de 1997 demostró que la valoración subjetiva de la salud predice la mortalidad de forma independiente a los indicadores clínicos. Aquellos que se califican como “malas” tienen casi el doble de riesgo de fallecer que los que se sienten “excelentes”. Este hallazgo sigue vigente y explica por qué la caída de la autopercepción es alarmante para los planificadores de políticas.
Otro factor a considerar es la forma en que se recogen los datos. En 2023 la encuesta se realizó presencialmente y en línea; en 2026, la modalidad online predominó, lo que puede haber incrementado la “honestidad” de las respuestas. La literatura sociológica habla de la “deseabilidad social”: frente a un entrevistador presencial, la gente tiende a mostrarse más optimista; frente a una pantalla, suele ser más cruda.
Finalmente, el contexto económico y social del país –inflación, precariedad laboral y aumento de la inseguridad – pesa sobre la percepción de bienestar. En Córdoba, la presión sobre los salarios y el aumento del costo de vida han hecho que la gente sienta que su calidad de vida, y por ende su salud, está en riesgo. La combinación de factores médicos, psicológicos y estructurales explica el retroceso que vemos hoy.
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