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Lana Nusseibeh, la candidata de los Emiratos que compite por la jefatura de la ONU: ¿Qué implica para Argentina?

Los Emiratos proponen a Lana Nusseibeh para la ONU y la candidatura abre una nueva discusión sobre la influencia latinoamericana.

Lana Nusseibeh, la candidata de los Emiratos que compite por la jefatura de la ONU: ¿Qué implica para Argentina?

Los Emiratos Árabes Unidos (EAU) anunciaron este miércoles la postulación de Lana Nusseibeh, ministra de Estado de la cancillería, como aspirante a secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). La candidatura, formalizada por el presidente emiratí Mohamed bin Zayed Al Nahyan, marca la séptima incorporación a una carrera que lleva meses estancada y que, por costumbre de rotación regional, debería pasar a manos de un latinoamericano.

Una trayectoria dentro de la ONU que respalda la candidatura

Nusseibeh no es una desconocida del organismo. Fue representante permanente de los Emiratos ante la ONU entre septiembre de 2013 y abril de 2024, presidió la Junta Ejecutiva de ONU Mujeres en 2017 y ocupó una vicepresidencia de la Asamblea General. Además, copresidió, entre 2017 y 2019, las negociaciones para reformar el Consejo de Seguridad, un tema que sigue dando dolores de cabeza a la diplomacia internacional. Desde septiembre de 2025 ejerce como ministra de Estado, cargo que le otorga una visión estratégica de la política exterior emiratí.

En su propia carta de presentación, Nusseibeh subrayó la urgencia del momento: “Me presento para ser secretaria general porque creo que este es un momento para actuar con mayor urgencia; actuar antes, unir a las personas más allá de las diferencias y seguir impulsando el trabajo hasta que produzca resultados concretos”. Si logra el puesto, sería la primera mujer al frente de la ONU y la segunda de origen árabe, después de Boutros‑Boutros Ghali (Egipto, 1992‑1996).

El tablero internacional y los bloqueos que frenan la elección

El proceso sigue lo establecido en el artículo 97 de la Carta de la ONU: el Consejo de Seguridad recomienda a la Asamblea General, que luego designa al secretario general. Cada uno de los quince miembros del Consejo celebra votaciones informales y secretas, calificando a los candidatos con “alentar”, “desalentar” o “sin opinión”. Se necesita, al menos, nueve votos favorables y que ninguno de los cinco miembros permanentes (EE. UU., Rusia, China, Reino Unido y Francia) emita un “desalentar”, que aunque no es veto formal, actúa como tal.

En la sexta ronda, celebrada el 16 de octubre, los cinco permanentes votaron por primera vez con papeletas de color distinto, lo que permitió identificar claramente sus rechazos. Los siete aspirantes, entre ellos Nusseibeh, recibieron al menos dos “desalentar” de los permanentes; Washington se opuso a todos ellos, según fuentes estadounidenses.

La costarricense Rebeca Grynspan, exvicepresidenta de Costa Rica, lideró la primera ronda con diez apoyos, pero también acumuló cinco votos en contra, dos de ellos de miembros permanentes. La guyanesa Carolyn Rodrigues‑Birkett encabezó la segunda ronda. El ex presidente de Senegal, Macky Sall, retiró su candidatura el 17 de octubre para despejar el camino a un consenso. Los candidatos que siguen en la pugna son Grynspan, Rodrigues‑Birkett, el argentino Rafael Grossi (director del OIEA), la ecuatoriana Ivonne A‑Baki (nominada por Tonga) y el ugandés Olara Otunnu.

La perspectiva argentina: Rafael Grossi y la balanza regional

Para la comunidad cordobesa y argentina, la presencia de Rafael Grossi en la lista es un punto de inflexión. Grossi, quien dirige el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), es una figura de peso en la diplomacia nuclear y ha sido un aliado clave de la política exterior argentina en temas de energía y no proliferación. Su candidatura refuerza la expectativa de que la rotación regional favorezca a Latinoamérica, tal como lo dicta la tradición de que el próximo secretario general provenga del hemisferio sur.

Si bien la candidatura de Grossi no ha logrado superar los bloqueos de los miembros permanentes, su presencia impulsa un debate interno sobre la necesidad de una mayor representatividad del sur global en la ONU. En Córdoba, varios analistas de relaciones internacionales señalan que un secretario general latinoamericano podría abrir puertas a proyectos de cooperación en energía nuclear pacífica, lo que beneficiaría a la industria nuclear emergente del país y, en última instancia, a la generación de energía más limpia.

Además, la posible victoria de un candidato de la región podría traducirse en mayor influencia de Argentina en la agenda de desarrollo sostenible, algo que el gobierno de Córdoba ha buscado impulsar a través de alianzas con organismos internacionales para proyectos de agua y energía.

Los retos del Consejo de Seguridad y la cuenta regresiva

El calendario es ajustado: quedan 71 días para el 31 de diciembre, fecha en la que termina el segundo mandato de António Guterres. Cuando Guterres fue elegido en 2016, el Consejo necesitó seis votaciones informales; esta vez ya se han registrado seis sin lograr un consenso. El principal activo de Nusseibeh son los estrechos vínculos de Abu Dabi con las cinco potencias, pero esa ventaja aún no se ha traducido en votos concretos en el Consejo.

El embajador estadounidense ante la ONU, Mike Waltz, reiteró que los Estados miembros siguen teniendo derecho a presentar nuevos candidatos y que Washington prefiere que la decisión se tome antes de que concluya el mandato de Guterres. La presión sobre los miembros permanentes para que abandonen su postura de “desalentar” es cada vez mayor, sobre todo por la creciente demanda de la comunidad internacional de una ONU más ágil y representativa.

Mientras tanto, la diplomacia argentina está trabajando en la bancada latinoamericana para consolidar apoyos a Grossi y, al mismo tiempo, negociar con los miembros permanentes en busca de un candidato de consenso que pueda romper el estancamiento.

Entre bastidores: la historia de la rotación regional en la ONU

Desde la fundación de la ONU en 1945, la tradición de rotación regional ha sido una regla no escrita que busca equilibrar el poder entre los continentes. En la práctica, el cargo de secretario general ha sido ocupado mayormente por europeos y norteamericanos, con breves interrupciones de representantes de Asia y África. La última vez que un latinoamericano ocupó la silla fue el mexicano Javier Serrano, quien nunca llegó a ser designado, aunque la región ha mantenido una fuerte presencia en la candidatura.

El caso de Boutros Boutros‑Ghali, egipcio, marcó la primera vez que un árabe llegó a la cumbre de la ONU (1992‑1996). Su mandato estuvo marcado por la crisis de los Balcanes y la intensificación de los conflictos en África. La experiencia de Nusseibeh podría, de concretarse, abrir una nueva ventana para la diplomacia del Golfo en la agenda global, especialmente en temas de energía, cambio climático y mediación de conflictos.

Para la Argentina, la historia muestra que la presencia de un latinoamericano al frente de la ONU no solo es simbólica; también abre la puerta a una mayor atención a los problemas del Cono Sur, como la crisis de los refugiados, la defensa de la soberanía alimentaria y la lucha contra el cambio climático. La pugna actual, con siete candidatos y una serie de bloqueos, subraya la complejidad de la política internacional, pero también la oportunidad para que la voz del sur global sea escuchada con mayor fuerza.

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