Mbappé, la polémica con China y el precio del “dictador” en el fútbol global
El delantero francés se vio envuelto en una disputa diplomática que puso a prueba los límites del fútbol y la censura.

Mbappé, la polémica con China y el precio del “dictador” en el fútbol global
Lead: El 28 de octubre de 2024, el delantero francés Kylian Mbappé, entonces estrella del Real Madrid, provocó una fuerte reacción de Beijing al usar la palabra “dictador” al referirse al histórico líder chino Mao Tse‑tung en un meme compartido con amigos en línea. La respuesta del gobierno chino se tradujo en la suspensión de la transmisión de LaLiga por parte de la cadena estatal CCTV y en una presión directa sobre los clubes y patrocinadores españoles, generando un debate sobre la libertad de expresión y el poder del dinero en el deporte.
El meme que desató la tormenta
En una conversación informal en una red social, Mbappé escribió: “Con el meme que más me he reído es con ese en el que usan mi cara creo que con un dictador chino. Lo utilizo mucho con mis amigos en línea”. El mensaje, que pretendía ser una broma entre colegas, incluía la imagen de su rostro superpuesto al de Mao Tse‑tung, una figura que la República Popular de China califica como “imperdonable” cuando se le llama dictador. La frase rápidamente se viralizó, y los medios chinos la catalogaron como una falta de respeto a la memoria del pueblo chino.
Respuesta de Beijing y la presión sobre LaLiga
El Ministerio de Relaciones Exteriores de China exigió a la cadena estatal CCTV que retirara cualquier referencia a Mbappé de sus transmisiones. En cuestión de horas, la cadena anunció la cancelación de los contratos televisivos con LaLiga y la eliminación de cualquier imagen del delantero francés de sus pantallas. Simultáneamente, el gobierno chino ordenó a sus empresas locales que revisaran y, en muchos casos, rescindieran los acuerdos millonarios que tenían con el club español, poniendo en jaque una parte importante del ingreso del fútbol español.
Javier Tebas, presidente de LaLiga, emitió un comunicado disculpándose en nombre de la competición y subrayó que “no podemos permitir que unas declaraciones individuales empañen la relación” con China. En la práctica, la disculpa se tradujo en la retirada de la transmisión del partido del Real Madrid contra el Barcelona, un duelo que genera cientos de millones de dólares en derechos de emisión.
El dilema de la libertad de expresión en el deporte
El caso Mbappé‑China pone en evidencia una tensión creciente: por un lado, el fútbol se autoproclama guardián de valores universales como el “fair play” y la inclusión; por otro, los intereses económicos de los grandes mercados obligan a los organismos a autocensurarse. En Argentina, donde el fútbol es casi una religión y los clubes dependen cada vez más de la venta de derechos internacionales, la pregunta es clara: ¿hasta dónde estamos dispuestos a frenar la lengua de un jugador para no perder un contrato?
Si bien Mbappé pidió disculpas públicas, declarando “tengo un profundo respeto por el pueblo chino y su historia, estoy sinceramente arrepentido”, la medida no fue suficiente para calmar a Beijing. La presión ejercida sobre la Liga española muestra que los gobiernos pueden usar su poder económico como una forma de “bullying” deportivo, una práctica que, según varios analistas, podría convertirse en la norma en un futuro donde los mercados asiáticos son cada vez más determinantes.
Ecos del pasado: la sombra de Mao en la China contemporánea
Para entender por qué la referencia a Mao genera una reacción tan violenta, es necesario recordar los hechos más oscuros de su mandato (1949‑1976). La Gran Hambruna, provocada por el “Gran Salto Adelante”, cobró entre 15 y 30 millones de vidas al obligar a millones de campesinos a abandonar la agricultura y producir acero en hornos caseros. La política de colectivización forzosa y la censura de datos alimentaron una catástrofe que el propio Partido Comunista intentó ocultar durante años.
La Revolución Cultural (1966‑1976) intensificó la represión: estudiantes y guardias rojos atacaron a intelectuales, profesores y cualquier persona catalogada como “burguesa” o “contrarrevolucionaria”. Bibliotecas, templos y obras de arte fueron destruidos en un intento de purgar la cultura tradicional y consolidar el pensamiento maoísta. Las estimaciones de víctimas varían, pero el “Libro Negro del Comunismo” sugiere que el número total de muertos, ejecuciones y suicidios inducidos podría superar los 20 millones.
Incluso antes de la Revolución Cultural, campañas como la “Supresión de los Contrarrevolucionarios” (1950‑1953) dejaron alrededor de 720.000 ejecuciones, según “The Cambridge History of China”. Estas cifras demuestran que el legado de Mao sigue siendo una herida abierta, y el gobierno actual, bajo Xi Jinping, se muestra extremadamente sensible a cualquier intento de cuestionar la narrativa oficial.
¿Qué pasa cuando el fútbol se cruza con la política?
El caso Mbappé es solo la última pieza de un rompecabezas más amplio. En los últimos años, hemos visto cómo la FIFA y la UEFA han tenido que lidiar con sanciones a países por violaciones de derechos humanos, mientras que los clubes buscan patrocinadores en mercados que a menudo no comparten los mismos valores democráticos. En Córdoba, donde el fútbol es parte del tejido social, los clubes locales ya sienten el tirón de los grandes contratos televisivos que provienen de Asia.
Para los hinchas cordobeses, la discusión no es meramente teórica: la pérdida de un contrato televisivo puede significar menos recursos para la infraestructura de los clubes, menos oportunidades para los jóvenes talentos y, en última instancia, menos vida en los barrios que viven del fútbol. Por eso, la polémica de Mbappé nos obliga a reflexionar: ¿debería el deporte ceder ante la presión económica o mantener la postura de defender la libertad de expresión, aun cuando eso implique perder dinero?
En definitiva, la historia de Mbappé y China abre una brecha entre la ética y el negocio, una brecha que los dirigentes del fútbol tendrán que cruzar con mucho cuidado si quieren que el deporte siga siendo, como siempre, la pasión del pueblo y no solo el juguete de los poderosos.
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