Netanyahu y Eisenkot: la balanza política que podría cambiar el rumbo de Israel y afectar a Argentina
El dilema de Herzog: elegir a Netanyahu o a Eisenkot en medio de la tensión con Irán y la división interna

Netanyahu y Eisenkot: la balanza política que podría cambiar el rumbo de Israel y afectar a Argentina
Con el escrutinio casi concluido, la única certeza política en Israel es que la responsabilidad de conformar el nuevo gobierno recae en Benjamín Netanyahu o en Gadi Eisenkot, dos figuras que representan polos opuestos de la escena política israelí. En medio de una sociedad fragmentada y de una guerra con Irán que se acerca a tambor batiente, la elección de uno u otro será decisiva no solo para la nación de Israel, sino también para países vecinos y para la economía global, Argentina incluida.
La encrucijada presidencial: Herzog y el juego de las bancas
El presidente Isaac Herzog, en su papel de árbitro constitucional, debe decidir quién asumirá la tarea de formar gobierno tras las conversaciones con los bloques partidarios. Según el artículo 7(a) de la Ley Básica, Herzog no está obligado a elegir al diputado con más votos; su prerrogativa es designar al representante que demuestre la capacidad de reunir 61 bancas, el número mágico para convertirse en Primer Ministro. Esta ambigüedad normativa abre la puerta a que, pese a la mayoría relativa de Netanyahu, Herzog pueda optar por Eisenkot, siempre que consiga el respaldo suficiente.
Partidos y alianzas: la danza de la derecha y la izquierda en la Knesset
Netanyahu, líder del Likud, cuenta con aliados de la derecha como Itamar Ben Gvir (Otzma Yehudit) y Bezalel Smotrich (Hazionut Hadatit), que le han llevado a posiciones extremas. El partido Shas, representando a la comunidad sefardí, y la coalición de partidos asquenazíes bajo la bandera de Judaísmo Unido de la Torá, también se inclinan a su lado. Con 53 bancas, Netanyahu necesita 8 más para alcanzar la mayoría.
Eisenkot, por su parte, se apoya en la coalición Beyachad, liderada por Naftali Bennett y Yair Lapid, y en la coalición socialdemócrata que responde a Yair Golan. Además, recibe el respaldo de los partidos árabes Ra’am y La Lista Conjunta, sumando un total de 67 bancas. Esta cifra demuestra que, aunque menos populares, Eisenkot tiene la posibilidad de formar gobierno si Herzog decide darle la mano.
El pulso del pueblo árabe y la sombra de la guerra con Irán
La comunidad árabe israelí, que representa alrededor del 20% de la población, se ha mostrado clara en su rechazo a una alianza con Netanyahu. Su apoyo a Eisenkot se basa en la expectativa de un gobierno más moderado y menos inclinado a las confrontaciones militares. Esta dinámica añade presión a Herzog, quien debe equilibrar la estabilidad interna con la necesidad de evitar un estallido de violencia que pueda escalar en la región.
Para Argentina, la coyuntura es de doble interés. Por un lado, la estabilidad del Medio Oriente afecta los flujos de exportaciones de soja y la relación con la industria militar argentina, que mantiene contratos de suministro con Israel. Por otro, la posibilidad de una guerra con Irán tendría repercusiones en los precios del petróleo y en la cadena de suministro de materias primas que Argentina utiliza para su industria agropecuaria y manufacturera.
Entre el filo de la diplomacia: la historia de la coalición en Israel
La historia política de Israel está marcada por gobiernos de coalición que a menudo se forman en el último minuto. Desde la primera elección en 1949 hasta la actual, la necesidad de unir partidos con ideologías dispares ha llevado a negociaciones intensas y, en ocasiones, a acuerdos de gobierno de unidad que parecen más una solución de emergencia que un proyecto de largo plazo.
El caso de Eisenkot recuerda a la coalición de 2019, cuando la combinación de partidos de centro y de derecha logró una mayoría mínima, pero se desmoronó en cuestión de meses. La experiencia muestra que las alianzas fragiles pueden generar inestabilidad política y, en el peor de los casos, convocar a nuevas elecciones antes de que el gobierno logre avanzar en su agenda.
Para los ciudadanos cordobeses, la lección es clara: la política internacional no es un mundo aparte. Las decisiones tomadas en Jerusalén pueden influir en el costo de la energía, en la disponibilidad de insumos para la industria y en la percepción de seguridad de los inversionistas que miran al extranjero. Mantener un ojo atento a estos acontecimientos es esencial para anticipar cambios que, aunque lejanos, pueden tocar el bolsillo de cualquier argentino que dependa de la economía global.
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