Córdoba

Construyendo comunidad en la era del ‘régimen de la confusión’ digital

Liliana Córdoba analiza cómo la sobrecarga informativa y los algoritmos erosionan la democracia y qué hacer para recuperar la comunicación política auténtica.

En una conversación con Hoy Día Córdoba, la licenciada en Comunicación Social, doctora en Ciencias Sociales e investigadora de la Universidad Nacional de Córdoba, Liliana Córdoba, describió la actualidad como un «régimen de la confusión»: un estado de saturación informativa donde la verdad se pierde entre fake news, los algoritmos persiguen la atención y la política se vuelve un campo de batalla digital.

El nuevo escenario de la conversación pública

Según Córdoba, la digitalización ha transformado no solo la forma en que consumimos noticias, sino también la manera en que nos relacionamos con el poder. Hace veinte años se hablaba del “régimen de la mediatización”; hoy, los dispositivos móviles y las plataformas de redes sociales crean burbujas que limitan la exposición a una única visión de la realidad. “Los algoritmos nos venden productos, extraen nuestros datos y venden nuestra atención”, advierte la académica, señalando que la lógica de captura de atención ha desplazado la búsqueda de la verdad.

La ultraderecha y el aprovechamiento del caos informativo

El caso más visible a nivel global, según la experta, es el gobierno del presidente argentino Javier Milei. El mandatario ha convertido las redes sociales en su “territorio de confrontación”, utilizando discursos de odio y una retórica incendiaria para consolidar su base. “Esta estrategia se alimenta del caos y de la falta de jerarquización de los temas”, explica Córdoba, añadiendo que la ultraderecha se presenta como la voz de una supuesta “verdad” que muchos buscan en medio de la confusión.

Sin embargo, la académica advierte que, aunque estos discursos logran captar la atención, carecen de sustento para ofrecer soluciones concretas. “Se quedan sin herramientas para sostener la legitimidad cuando no pueden responder a los problemas reales de la sociedad”, puntualiza.

El celular como mediador de la democracia

En Argentina, el número de teléfonos móviles supera la población, lo que convierte al celular en el principal punto de contacto con la información. Liliana Córdoba cita a Éric Sadin y su concepto del “cetro de cristal”: el dispositivo genera la expectativa de respuestas inmediatas, generando una temporalidad del “yo quiero ahora” que choca con la naturaleza lenta y deliberativa de la democracia.

Esta presión de inmediatez favorece la reacción afectiva sobre la conversación razonada, erosionando procesos como la deliberación pública, la construcción de consensos y el respeto a la pluralidad de voces.

¿Cómo reconstruir la comunicación política?

Para la investigadora, la respuesta pasa por reivindicar la comunicación como un derecho humano fundamental: “sin comunicación democrática no hay democracia”. Propone tres ejes esenciales:

  1. Interpretación y verdad: devolver la entidad a la verdad como valor central, combatiendo la relativización de los hechos.
  2. Visibilidad y microsegmentación: diseñar mensajes que lleguen a audiencias específicas sin perder la capacidad de generar un discurso colectivo.
  3. Atención sostenida: crear contenidos que mantengan el interés más allá de los cinco segundos típicos de los feeds.

Además, añade una cuarta dimensión ética: “nunca desligar los procesos políticos y comunicacionales de su dimensión ética”. La ética, según Córdoba, debe guiar la forma en que se habla, evitando la violencia simbólica y los discursos de odio.

Los límites del discurso de odio en la legislación argentina

En Argentina existe la tipificación del delito de “discurso de odio”, pero su aplicación es compleja porque requiere demostrar un ataque sistemático contra un grupo específico. La investigadora subraya que, más allá de la cuestión legal, la proliferación de insultos y agresiones en la esfera pública refleja una intolerancia creciente que colisiona con valores institucionales, como los que se promueven en escuelas contra el bullying.

En el aula, los estudiantes a menudo sienten la violencia implícita en los mensajes de los dirigentes, lo que dificulta la lectura en voz alta de dichos discursos. “En las redes esa incomodidad se diluye en un ‘me gusta’”, señala Córdoba, resaltando la necesidad de trabajar la responsabilidad del hablante frente al otro.

Una mirada al futuro: cultura, tecnología y participación ciudadana

La académica coincide con la cineasta Lucrecia Martel en que la cultura no debe convertirse en un campo de guerra, sino en un espacio de disputa de sentidos donde se promueva la escucha plural. Propone abrir espacios de conversación que no generen más malestar, sino que fomenten el reconocimiento recíproco de diferencias.

En este marco, la tecnología debe ser una herramienta al servicio de la democracia y no un fin en sí mismo. “No podemos pensar política, comunicación y cultura separadas; la tecnología las completa”, afirma.

Finalmente, Liliana Córdoba invita a los comunicadores y a los actores políticos a imaginar nuevas formas de hacer campaña que no se basen en la manipulación de algoritmos, sino en la autenticidad, la coherencia entre discurso y acción, y la búsqueda de una verdad que reconecte a la ciudadanía con la esfera pública.

Raíces y resistencia: por qué la cultura cordobesa puede ser la respuesta

La provincia de Córdoba ha sido históricamente un crisol de ideas y movimientos sociales. Desde la Universidad Nacional de Córdoba, cuna de la Revolución de Mayo, hasta los centros culturales que impulsan la producción artística independiente, la región ha cultivado valores de debate y resistencia. Estas raíces culturales ofrecen un terreno fértil para contrarrestar la confusión digital.

Instituciones como la Facultad de Ciencias Sociales y colectivos como el Centro de Estudios de Comunicación han desarrollado proyectos de alfabetización mediática que buscan enseñar a la población a identificar fuentes confiables, a leer críticamente los algoritmos y a participar activamente en la construcción de narrativas colectivas.

En la práctica, estas iniciativas están generando espacios de encuentro –charlas, talleres y podcasts– que permiten a los cordobeses reconectar con la idea de comunidad, a pesar de la fragmentación que imponen las plataformas digitales. La esperanza es que, al fortalecer la capacidad de análisis y la cultura del diálogo, la provincia pueda ofrecer un modelo replicable para el resto del país.

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