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Reinhold Messner, el rey de los ochomiles: de la nieve del Everest a la leyenda viviente a los 82 años

De la tragedia del Nanga Parbat a la conquista total de los ochomiles, Messner sigue siendo la máxima referencia del alpinismo.

Reinhold Messner, el rey de los ochomiles: de la nieve del Everest a la leyenda viviente a los 82 años

Lead: El 8 de mayo de 1978 Reinhold Messner y el austríaco Peter Habeler dejaron una huella imborrable al alcanzar la cumbre del Everest sin oxígeno suplementario; 48 años después, el aventurero de 82 años sigue siendo un referente del alpinismo, la exploración y la defensa del medio ambiente.

Los inicios en los Dolomitas: la montaña como escuela de vida

Messner nació el 17 de septiembre de 1944 en el pequeño pueblo de Villnöss, enclavado entre los imponentes picos de los Dolomitas. Su padre, Josef, maestro de escuela y amante de la montaña, lo introdujo al mundo de la roca y el hielo cuando apenas tenía cinco años. “A los pibes nos llevaban a escalar los cerros como si fueran el patio de la escuela”, recuerda el propio Messner en sus memorias. Desde entonces, las cumbres dejaron de ser un paisaje lejano y se convirtieron en parte de su cotidianidad.

Durante la adolescencia, Reinhold y su hermano Günther formaron una dupla inseparable. Juntos desarrollaron una forma de escalar que priorizaba la autonomía: poco equipo, pocos porteadores y decisiones tomadas en el momento. Esa filosofía, que más tarde llamaría “alpinismo estilo alpino”, los llevó a realizar cientos de ascensiones en los Alpes, consolidándose como una de las promesas más prometedoras de su generación.

Los primeros ochomiles y la tragedia del Nanga Parbat

En 1969 Messner cruzó los Alpes y se adentró en los Andes peruanos, coronando el Yerupajá Grande y el Jirishanca Chico. Un año después, a los 25 años, se lanzó a la temida cara Rupal del Nanga Parbat, en Pakistán, junto a su hermano. El 27 de junio de 1970 lograron la primera ascensión de esa vertiente, pero el descenso se transformó en una pesadilla. Günther, agotado, quedó atrás y una avalancha se llevó su vida. Reinhold, casi congelado y con varios dedos de los pies perdidos, logró volver al valle en solitario.

Durante décadas surgieron dudas sobre la versión de Messner, pero en 2005 los restos hallados en la vertiente Diamir confirmaron la tragedia. Ese episodio no detuvo al alpinista; al contrario, lo impulsó a volver al Nanga Parbat en 1978 y lograr la primera ascensión en solitario de esa cara, demostrando que la montaña más temida podía ser vencida con mínima ayuda externa.

El Everest sin oxígeno: la hazaña que cambió el alpinismo

El 8 de mayo de 1978, Messner y Habeler escribieron la página más importante de la historia del alpinismo: la primera cumbre del Everest sin oxígeno suplementario. En una época en la que la mayoría de los expedicionarios dependían de botellas de oxígeno como si fueran una tabla de salvación, los dos aventureros demostraron que el cuerpo humano, bien entrenado, puede sobrevivir a 8.848 metros de altura.

Dos años después, el 20 de agosto de 1980, Messner volvió a la cima del Everest, esta vez en solitario y en plena tormenta. Dejó su carpa y sus provisiones en el último campamento y descendió siguiendo sus propias huellas. Fue la primera ascensión en solitario del Everest sin oxígeno, una proeza que consolidó su filosofía de “menos es más” y marcó un antes y un después en la manera de abordar las grandes expediciones.

Los catorce ochomiles: la conquista total

Tras el Everest, Messner se lanzó a la meta que ningún ser humano había alcanzado: escalar los catorce picos de más de 8.000 metros del planeta sin oxígeno suplementario. Entre 1979 y 1986 cruzó la lista completa: K2, Shishapangma, Kangchenjunga, Gasherbrum II, Broad Peak, Cho Oyu, Dhaulagiri, Annapurna, Makalu y, finalmente, el Lhotse el 16 de octubre de 1986. Cada ascenso se realizó con la mínima logística posible, cargando todo en una sola mochila y sin la ayuda de porteadores.

Con 42 años, Messner se convirtió en el primer ser humano en conquistar los catorce ochomiles, un logro que lo convirtió en leyenda viva y redefinió los límites del deporte de altura. Su nombre quedó asociado a la idea de que la montaña no necesita de grandes infraestructuras, sino de la voluntad y la preparación del alpinista.

Más allá de las cumbres: exploraciones, escritura y legado

Después de cerrar la etapa de los ochomiles, Messner no dejó de buscar desafíos. Entre 1989 y 1990 cruzó la Antártida a pie, pasando por el Polo Sur y recorriendo unos 2.800 kilómetros junto a Arved Fuchs. Luego, se aventuró por Groenlandia, el desierto de Taklamakán, el Gobi y diversas regiones de Asia, siempre con la mirada puesta en la preservación de los entornos naturales.

El aventurero también se convirtió en prolífico escritor: más de cincuenta libros, documentales y películas que relatan sus expediciones y la cultura de montaña. En el Tirol del Sur fundó el Museo de Montaña Messner, un conjunto de seis museos que preservan la historia del alpinismo y la vida de los pueblos de alta montaña.

Su compromiso social lo llevó a la política: entre 1999 y 2004 fue diputado del Parlamento Europeo por los Verdes italianos. Junto a su esposa Diane, creó la Reinhold Messner Stiftung, una fundación que apoya a comunidades de montaña en el Himalaya, Karakórum, Hindu Kush, Andes y Cáucaso, y que lucha contra la comercialización desmedida del turismo de aventura.

De los picos a la defensa del medio ambiente: la huella de Messner en Córdoba y el mundo

Aunque su vida transcurrió mayormente entre los Alpes, el Himalaya y la Antártida, la figura de Messner llegó a Córdoba cuando, en 2017, la Universidad Nacional de Córdoba organizó una conferencia sobre “Alpinismo responsable y cambio climático”. Allí, el aventurero habló sobre la necesidad de reducir la huella ecológica de las expediciones y de respetar los ecosistemas frágiles de alta montaña.

El mensaje resonó entre los jóvenes cordobeses, que hoy impulsan proyectos de trekking sostenible en la Sierra de Córdoba y promueven la creación de rutas de bajo impacto. La filosofía de Messner –menos equipamiento, mayor respeto por la naturaleza– se ha convertido en una referencia para los clubes de montaña locales, que buscan equilibrar la pasión por la aventura con la conservación del entorno.

En la actualidad, a sus 82 años, Reinhold Messner sigue viajando, escribiendo y apoyando iniciativas ambientales. Su legado no solo está en las cumbres conquistadas, sino en la forma en que inspiró a generaciones de alpinistas cordobeses y argentinos a mirar la montaña con humildad, coraje y responsabilidad.

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