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Trump exige a las empresas canadienses mudarse a EE.UU y dispara una nueva escalada arancelaria

El presidente estadounidense ordena la relocalización inmediata de la industria canadiense y eleva los aranceles al 50%.

Trump exige a las empresas canadienses mudarse a EE.UU y dispara una nueva escalada arancelaria

Lead: El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, utilizó este domingo su red social Truth Social para ordenar a las compañías canadienses que trasladen sus operaciones a territorio estadounidense “inmediatamente” y anunció la imposición de aranceles del 50% sobre automóviles, autopartes y acero canadienses a partir del 1 de enero de 2027, intensificando una disputa comercial que ya lleva semanas en el aire.

Una demanda de reubicación sin precedentes

Trump no se quedó en la retórica de los aranceles. En un mensaje que se volvió viral, el mandatario afirmó: “Que todas las empresas canadienses que hacen negocios con Estados Unidos se trasladen a Estados Unidos, inmediatamente. Muchas de ellas son empresas que se marcharon hace años debido al estúpido liderazgo estadounidense. Cuando regresen, no habrá aranceles”. La orden, que suena a una medida de presión directa, busca que la industria automotriz y de componentes canadienses se “relocalicen” al sur de la frontera, bajo la promesa de un futuro libre de gravámenes.

Horas antes, Trump había reiterado su rechazo a los productos canadienses, diciendo que “no quiere nada canadiense” y acusando a Ottawa de “estafar” a Estados Unidos durante décadas. En su discurso, el expresidente califica a Canadá como “uno de los peores abusadores” en materia comercial y asegura que los aranceles impuestos por su gobierno han “revivido y, de hecho, salvado” la industria automotriz estadounidense.

El choque de aranceles: 50% sobre $20.000 millones de productos

El último intento de negociación entre Washington y Ottawa, que se dio el 21 de agosto, fracasó estrepitosamente cuando ambas partes se acusaron de presentar condiciones de última hora inaceptables. Desde el 22 de agosto, EE.UU. impuso aranceles del 50% sobre productos canadienses valorados en unos USD 20.000 millones, bajo la Sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930. Canadá respondió con un calendario de represalias que incluye aranceles entre el 15% y el 50% sobre más de 700 productos estadounidenses, con entrada en vigor el 8 de septiembre, según anunció el ministro de Finanzas Mark Carney.

Los sectores más golpeados en Canadá serán el acero, el aluminio, los lácteos, los electrodomésticos y la maquinaria agrícola. El gobierno canadiense calculó que sus contramedidas ascenderán a CAD 27.600 millones (aprox. USD 20.000 millones), intentando equilibrar “dólar por dólar” el impacto de los gravámenes estadounidenses.

Impacto en la economía cordobesa y argentina

Para la provincia de Córdoba, donde la industria automotriz y la fabricación de autopartes representan una parte importante del empleo, la escalada arancelaria tiene repercusiones directas. Empresas cordobesas que exportan componentes a fábricas canadienses podrían ver reducida su demanda si esas plantas se trasladan a EE.UU. o si los aranceles hacen inviable el comercio transfronterizo. Además, el aumento de los precios de los autos importados de Canadá encarecerá la oferta para los consumidores cordobeses, que ya lidian con una inflación persistente.

En el contexto argentino, la medida de Trump se suma a una serie de tensiones comerciales que afectan la cadena de suministro de la industria automotriz nacional. Los fabricantes de autos en la región dependen de piezas provenientes tanto de EE.UU. como de Canadá; cualquier disrupción en la disponibilidad o en los costos de esos insumos repercute en los precios finales y en la competitividad de los productos argentinos en el mercado interno y de exportación.

La medida también pone en relieve la vulnerabilidad de la región ante decisiones unilaterales de Washington. Con el T‑MEC en revisión y la negativa de Trump a renovarlo en su forma actual, el futuro de la integración comercial norteamericana está en entredicho, lo que genera incertidumbre para los exportadores argentinos que buscan diversificar sus destinos.

Reacción política y social en Canadá

El ministro de Finanzas canadiense, François‑Philippe Champagne, defendió la respuesta diciendo que “cuando Estados Unidos pidió demasiado y ofreció muy poco, su Gobierno eligió defender a los canadienses”. Carney, por su parte, acusó a Washington de usar “la integración económica como un arma” y aseguró que Canadá cuenta con “las reservas, la resiliencia y el plan” para afrontar la ofensiva.

Una encuesta del instituto Angus Reid reveló que tres de cada cuatro canadienses respaldan la decisión de Carney de abandonar la mesa de negociación, aunque dos de cada cinco temen por sus empleos ante la escalada de aranceles. La presión popular ha llevado al gobierno de Ottawa a adoptar una postura más firme, pero la falta de canales diplomáticos abiertos sugiere que la disputa podría prolongarse varios meses.

¿Qué sigue para la disputa comercial?

Con la entrada en vigor de las contramedidas canadienses programada para el 8 de septiembre, ambos gobiernos se encuentran en una nueva fase sin contactos diplomáticos reanudados. La comunidad empresarial, tanto en EE.UU. como en Canadá, está evaluando sus opciones: reubicar fábricas, renegociar contratos o buscar mercados alternativos.

Para los argentinos, la lección es clara: la dependencia de cadenas de suministro concentradas en una sola región puede volverse un riesgo. Cada vez más, los fabricantes locales están considerando la diversificación de proveedores y la producción nacional de componentes críticos para reducir la exposición a conflictos comerciales internacionales.

Raíces históricas de la disputa entre EE.UU. y Canadá

La rivalidad comercial entre Estados Unidos y Canadá no es nueva. Desde la firma del Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte (ALCAN) en 1994, los dos países han buscado equilibrar la libre circulación de bienes con la protección de sus industrias estratégicas. El tratado fue reemplazado en 2020 por el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T‑MEC), que introdujo nuevas reglas de origen y mecanismos de solución de controversias.

Sin embargo, la administración Trump siempre mostró una postura proteccionista, renegociando el ALCAN y imponiendo aranceles a sectores como el acero y el aluminio bajo la premisa de seguridad nacional. La actual escalada se inscribe en esa línea, pero lleva el paso de la presión directa a la reubicación de la producción, una táctica que busca no solo castigar, sino también reconfigurar la cadena productiva a favor de EE.UU.

Para la región del Cono Sur, la disputa sirve como recordatorio de la importancia de fortalecer alianzas regionales y de impulsar políticas industriales que reduzcan la dependencia de los mercados norteamericanos. En un mundo cada vez más interconectado, la capacidad de adaptarse a cambios bruscos en los aranceles y en las reglas del juego será clave para la competitividad de nuestras empresas.

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