Trump tilda de “vergüenza” los bombardeos ucranianos a refinerías rusas y alerta sobre el impacto en el bolsillo argentino
El expresidente estadounidense critica la estrategia de Kiev y advierte sobre el encarecimiento de la energía en Argentina.

Washington – El exmandatario de los Estados Unidos, Donald Trump, calificó de “vergüenza” la reanudación de los ataques ucranianos contra refinerías de petróleo en Rusia, argumentando que esas acciones alimentan la escalada de los precios internacionales de la energía. En la entrevista concedida a Newsmax, el político de 80 años también cuestionó la capacidad de liderazgo del presidente ucraniano Volodímir Zelensky y sostuvo que la guerra debería terminar pronto, aunque admitió que le resulta más fácil tratar con el presidente ruso, Vladímir Putin, que con su homólogo ucraniano.
Trump arremete contra los ataques ucranianos
Al ser consultado sobre los recientes bombardeos contra instalaciones petroleras rusas, Trump replicó: “Hay muchos otros objetivos que puedes atacar, pero cuando disparas contra refinerías de diésel donde se produce combustible, no estás haciendo una buena labor para el mundo“. El expresidente sostuvo que atacar la cadena de suministro de diésel y gasolina solo empeora la crisis energética global y, por ende, el bolsillo de los consumidores, incluidos los argentinos que ya sienten el peso de la inflación.
Trump también recordó una entrevista con una joven ucraniana que describía los costos humanos del conflicto, diciendo que “Zelensky nos ha quitado a nuestros hombres, muchos están en instituciones psiquiátricas o muertos”. Según el exmandatario, la permanencia de Zelensky al frente del país es una cuestión que debería resolverse mediante elecciones, y no por la fuerza del arma.
Zelensky defiende la estrategia y acusa a Washington
En paralelo, el presidente ucraniano anunció la reanudación de los ataques contra refinerías rusas tras una pausa de tres días. En una entrevista con el Financial Times, Zelensky explicó que la suspensión había sido limitada y que el Kremlin había incumplido un entendimiento previo al lanzar al menos 100 ataques contra infraestructura ucraniana en una semana.
El mandatario también acusó a Estados Unidos de haber retirado información de inteligencia crucial para los sistemas de alerta temprana de Ucrania, alegando que Washington había bloqueado datos para presionar a Kiev a cesar sus ofensivas. “Como no paren los ataques, vamos a bloquear la información de inteligencia“, afirmó Zelensky, señalando que la medida dificultó la defensa contra los misiles balísticos rusos.
En la cumbre de la OTAN en Bruselas, Zelensky pidió a los aliados que prioricen el envío de interceptores de misiles balísticos y municiones para los cazas F‑16, después de que un bombardeo ruso alcanzara tres centrales termoeléctricas de Kiev y su región. El presidente ucraniano también denunció limitaciones en el acceso a Starlink, la red satelital de SpaceX, que según él habría sido deliberadamente restringida, complicando las comunicaciones de sus fuerzas en medio de los ataques.
Repercusiones para Argentina y el bolsillo cordobés
Desde la provincia de Córdoba, la noticia tiene eco inmediato. Los precios del diésel y la nafta, que ya suben a ritmo acelerado, están directamente ligados al mercado internacional del crudo y a la disponibilidad de refinerías en Rusia, uno de los mayores exportadores de combustibles al mundo. Cada ataque a una planta rusa reduce la oferta global y, en consecuencia, empuja los precios al alza.
Para los productores locales de soja, maíz y trigo, el encarecimiento del diésel implica mayores costos de laburo en el campo, ya que la maquinaria agrícola depende de combustible barato para ser competitiva. En la industria manufacturera cordobesa, el aumento del costo energético se traduce en una presión sobre los márgenes de ganancia, lo que a su vez repercute en los precios al consumidor final.
Los analistas de la Universidad Nacional de Córdoba señalan que una escalada de los precios internacionales de la energía podría agravar la inflación, que ya supera el 140 % anual. Además, la posible escasez de diésel podría afectar la logística del transporte de carga, desde los puertos de Buenos Aires hasta los centros de distribución en el interior, generando cuellos de botella que encarecen aún más los productos básicos.
En el ámbito político, la postura de Trump –aunque ya no ocupa la Casa Blanca– sigue influyendo en la narrativa de algunos sectores argentinos que buscan una postura más alineada con Washington frente a la guerra en Ucrania. Los debates en el Congreso sobre la compra de armamento ucraniano y la participación de Argentina en misiones de paz se ven ahora teñidos por la controversia internacional que rodea los ataques a la infraestructura energética rusa.
¿Qué nos dice la historia de los choques energéticos?
Los conflictos que involucran recursos energéticos no son nuevos. En la década de 1970, la crisis del petróleo provocó una fuerte recesión mundial y obligó a países como Argentina a buscar fuentes alternativas y a implementar políticas de ahorro energético. Aquellos años dejaron lecciones sobre la vulnerabilidad de una economía dependiente de importaciones de combustibles.
En los últimos veinte años, la geopolítica del gas y del petróleo ha sido un factor decisivo en la política exterior de muchas naciones. La guerra en Ucrania ha reconfigurado las rutas de suministro, obligando a la Unión Europea a reducir su dependencia del gas ruso y a buscar alternativas en América Latina, entre ellas el gas de Vaca Muerta. Para Córdoba, que alberga importantes yacimientos de gas no convencional, esto representa una oportunidad de exportación, pero también una responsabilidad de gestionar los recursos de forma sostenible.
Finalmente, la polémica generada por los bombardeos a refinerías subraya la interconexión entre decisiones militares y la vida cotidiana de los argentinos. Cada disparo que afecta la producción de diésel en Rusia repercute en la factura del camión del laburante cordobés, en el precio del pan y en la capacidad del país para mantener la estabilidad económica. Entender este vínculo es esencial para debatir políticas energéticas que protejan tanto la seguridad nacional como el bienestar de la población.
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