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Velocidad letal: el choque entre AVE e Iryo a más de 160 km/h sacude a Toledo

El informe preliminar de la AITAT revela una colisión a alta velocidad y una cadena de fallos en la señalización.

Velocidad letal: el choque entre AVE e Iryo a más de 160 km/h sacude a Toledo

Urda, Toledo – La madrugada del miércoles se convirtió en una tragedia ferroviaria cuando dos trenes de alta velocidad, el AVE y el Iryo, se estrellaron a una velocidad que rondó los 160‑200 km/h, según el primer informe de la AITAT. El siniestro dejó 69 muertos y decenas de heridos, convirtiéndose en uno de los peores accidentes de la historia reciente del ferrocarril español.

El choque a alta velocidad y sus consecuencias estructurales

El vagón de cabeza del AVE (coche 8) impactó contra el coche de cola del Iryo (coche 1), provocando que ambos trenes se volcaran y quedaran atrapados al pie del terraplén. El resto del AVE sufrió un descarrilamiento total: los coches 1 a 6 permanecieron sobre la vía, mientras que el coche 7 cayó al terreno y el 3 quedó atravesado por un trozo de carril deformado. En el Iryo, solo los dos primeros vagones (7 y 8) lograron mantenerse sobre la vía; los demás se precipitaron por el terraplén, arrastrando a los pasajeros hacia una situación de caos total.

Fallos en la señalización: la cadena de errores que condujo al desastre

Según la AITAT, todo comenzó a las 8:31 cuando el sistema LZB, encargado de regular automáticamente la circulación de los trenes de alta velocidad, presentó una avería. Ante la falta de respuesta automática, los convoyes pasaron al Bloque de Señalización Lateral (BSL), un protocolo que obliga a los maquinistas a intercambiar información manualmente con el Centro de Regulación y Control (CRC) de ADIF. La investigación señala que la cadena de averías, instrucciones y decisiones operativas no logró activar las barreras de seguridad previstas para este tipo de situaciones, dejando a los trenes sin la protección necesaria.

La respuesta de la AITAT: cajas negras, registro de datos y primeras diligencias

La Autoridad Independiente para la Investigación Técnica de Accidentes e Incidentes Ferroviarios (AITAT) recibió la notificación del siniestro a las 9:10, más de media hora después del choque. Un primer equipo de tres técnicos llegó al lugar a las 12:15, inspeccionó los trenes, la infraestructura y recopiló pruebas. Un segundo equipo se dirigió al CRC de ADIF, revisó el puesto de trabajo del responsable de circulación, los libros de telefonemas y los videos de vigilancia. Además, se extrajeron los registradores de datos de ambos trenes –las llamadas “cajas negras”– que fueron puestos bajo custodia de la Guardia Civil para su análisis.

La AITAT dejó claro que la investigación está en su fase inicial, por lo que aún no se ha determinado cuál fue el punto exacto de fallo dentro de la cadena de decisiones. En los próximos días se esperan entrevistas con los implicados, inspecciones de otras instalaciones y una revisión exhaustiva del mantenimiento de la vía afectada.

El legado ferroviario de alta velocidad y sus riesgos en la península

España cuenta con una de las redes de alta velocidad más extensas del mundo, y los trenes AVE e Iryo representan la vanguardia tecnológica del sector. Sin embargo, el accidente de Urda pone en evidencia que la velocidad también implica riesgos elevados cuando los sistemas de seguridad no funcionan a la perfección. La historia del ferrocarril español muestra episodios de accidentes graves, como el descarrilamiento de Santiago de Compostela en 2013, que obligaron a revisar protocolos y a invertir en mejoras de señalización.

En Córdoba, donde la comunidad ferroviaria también se beneficia de la expansión de la red de alta velocidad, este hecho genera una reflexión sobre la necesidad de reforzar la capacitación del personal y de mantener una vigilancia constante sobre los sistemas de control. Los operarios del tren nocturno que circulan por la zona de Villa María, por ejemplo, dependen de la misma tecnología LZB que falló en Urda.

El caso también reaviva el debate sobre la responsabilidad de las empresas ferroviarias y del Estado en la gestión del mantenimiento. Mientras la AITAT sigue recolectando datos, la ciudadanía cordobesa espera respuestas claras que eviten que una tragedia similar vuelva a repetirse en nuestras vías.

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