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Dron impacta la torre de refrigeración de la central nuclear de Kursk y reaviva la alerta internacional

Un dron golpeó la torre de refrigeración de la central nuclear rusa de Kursk sin provocar incendio, pero avivó la alarma internacional.

Dron impacta la torre de refrigeración de la central nuclear de Kursk y reaviva la alerta internacional

En la madrugada del jueves, un dron se estrelló contra la torre de refrigeración de uno de los reactores de la central nuclear rusa de Kursk, ubicada a 90 kilómetros de la frontera con Ucrania. El ataque no provocó incendios ni alteró el funcionamiento de la unidad, pero encendió las alarmas del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) y de la comunidad global, que temen un posible desastre nuclear en una zona ya convulsionada por el conflicto.

El dron y la torre de refrigeración: lo ocurrido

Según informó el OIEA a través de su cuenta en X, la torre alcanzada pertenece a un reactor en pleno funcionamiento. La instalación, que forma parte de una planta de cuatro unidades de diseño soviético, siguió operando sin cambios tras el impacto. La agencia no precisó quién lanzó el dron ni si se registraron daños estructurales adicionales, pero calificó de “inaceptable” cualquier agresión contra infraestructuras nucleares.

Este no es el primer episodio de este tipo en Kursk. En agosto de 2025, defensas antiaéreas rusas derribaron un dron de combate ucraniano en las cercanías de la misma central, según fuentes citadas por Reuters. La nueva incursión se suma a una serie de incidentes que mantienen en vilo a los organismos internacionales, que advierten que la cercanía de los combates a instalaciones nucleares aumenta exponencialmente el riesgo de un accidente catastrófico.

Repercusiones internacionales y la voz de Argentina

El director del OIEA, el argentino Rafael Grossi, reiteró su pedido de “máxima contención militar” para evitar que la zona se convierta en un foco de catástrofe nuclear. “Todos los ataques contra instalaciones nucleares son inaceptables, sin importar dónde ocurran”, señaló Grossi en su comunicado, subrayando la responsabilidad de todas las partes de respetar la seguridad nuclear.

Desde la perspectiva cordobesa, la noticia genera una inquietud particular. Argentina alberga dos centrales nucleares operativas y una en construcción, y el país ha desarrollado una política de energía nuclear basada en la seguridad y la cooperación internacional. La voz de Grossi, como argentino al frente del OIEA, refuerza la idea de que cualquier amenaza a la integridad de una planta nuclear repercute en la credibilidad del sector nuclear argentino y en la confianza de la ciudadanía sobre la energía atómica.

¿Qué implica para la seguridad nuclear en la región?

El impacto del dron en Kursk pone en evidencia la vulnerabilidad de instalaciones críticas en zonas de conflicto. La proximidad de la planta a la frontera ucraniana (solo 90 km) significa que cualquier escalada militar podría afectar directamente a la infraestructura nuclear, con posibles consecuencias ambientales que traspasarían las fronteras.

Para la industria energética de Córdoba y del resto de Argentina, el episodio sirve de recordatorio para reforzar los protocolos de defensa y vigilancia de sus propias centrales. La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) ha intensificado recientemente sus ejercicios de simulación de emergencias, y la experiencia rusa podría alimentar nuevos planes de contingencia que incluyan drones y otras amenazas emergentes.

En el plano económico, la estabilidad del suministro eléctrico es crucial para la industria cordobesa, que depende cada vez más de fuentes diversificadas. Un accidente nuclear en la vecindad de Europa podría desencadenar fluctuaciones en los precios de la energía a nivel global, impactando los costos de producción y el bolsillo de los trabajadores y empresas locales.

Ecos de la historia nuclear en la frontera

La central de Kursk, inaugurada en la década de 1970, forma parte del legado soviético de energía atómica. Durante la Guerra Fría, la zona fue elegida por su lejanía de grandes núcleos urbanos, una estrategia que ahora vuelve a ser cuestionada por la cercanía a un conflicto armado.

En Argentina, la historia nuclear comenzó en los años 50 con la fundación del Instituto Nacional de Tecnología Nuclear (INTN) y culminó con la puesta en marcha de la central de Embalse en 1984. Desde entonces, la política nuclear ha buscado equilibrar la generación de energía limpia con los más altos estándares de seguridad, aprendiendo de incidentes internacionales como Chernóbil y Fukushima.

Hoy, la voz de Grossi, el único latinoamericano al frente del OIEA, simboliza la integración de América Latina en la gobernanza nuclear global. Su llamado a la contención militar no solo busca evitar un desastre en Kursk, sino también proteger la credibilidad de los programas nucleares que, como el argentino, se esfuerzan por ser un modelo de seguridad y cooperación.

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