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El caos del petróleo: cómo la guerra en Irán encarece la gasolina en Córdoba y el resto de Argentina

El conflicto en Oriente Medio eleva el Brent y golpea los precios de la nafta en Córdoba.

El caos del petróleo: cómo la guerra en Irán encarece la gasolina en Córdoba y el resto de Argentina

Ocho meses después de que estallara el conflicto entre Irán y los rebeldes hutíes, el mercado mundial del crudo sigue en una espiral de incertidumbre. Desde principios de septiembre las exportaciones de Medio Oriente superaron los 17 millones de barriles diarios, apenas 4 millones por debajo del récord de 2025, según la firma de análisis Vortexa. Sin embargo, los futuros del Brent se dispararon un 20 % hasta los 115 dólares por barril, rozando los máximos de abril pasado.

China, el nuevo motor de la volatilidad

El primer factor que explica este salto es el repentino cambio de postura de China. En marzo, el gobierno chino prohibió la exportación de productos refinados por temor a una escasez interna. Las refinerías, sin poder vender sus derivados, recurrieron a sus reservas y los consumidores redujeron su consumo de combustible. El resultado: una caída de casi la mitad en las importaciones de crudo entre febrero y junio, de 6 millones de barriles diarios. Esa reducción, paradójicamente, impidió que la mayor crisis de suministro de la historia provocara un alza de precios.

En junio, un acercamiento entre Irán y Estados Unidos abrió una ventana de alivio y los precios retrocedieron. Pero la presión de las refinerías chinas para levantar la prohibición volvió a poner el termómetro a punto de ebullición. A partir de julio, China reanudó sus exportaciones y, en las tres semanas previas al 16 de octubre, sus importaciones superaron en más de 3 millones de barriles diarios el nivel de junio, según Neil Crosby de FGE Nexant ECA. Esa absorción parcial de la oferta de Medio Oriente fue suficiente para frenar un descenso mayor del Brent.

Fletes en alza: el costo de mover el crudo se vuelve un factor crítico

El segundo motor del encarecimiento son los crecientes costos de flete. China, en vez de comprar crudo según calendarios preestablecidos, ha optado por adquirir al contado buscando precios más bajos, lo que ha generado una demanda desordenada de buques cisterna. Tom Reed, de Argus Media, advierte que esa forma de comprar “complica la planificación y encarece la contratación de buques”.

Al mismo tiempo, el aumento de exportaciones del Golfo a través del Estrecho de Ormuz ha disparado la demanda de buques cisterna. La práctica de transferir la carga en el Golfo de Omán, usando flotas estatales que operan de forma clandestina, inmoviliza embarcaciones durante días y eleva los costos de flete del 4‑7 % al 25‑30 % del precio final del crudo en octubre. Esa presión se ha trasladado al mercado global: productores de Latinoamérica y África Occidental han tenido que rebajar sus precios para seguir siendo competitivos, mientras que los perforadores del Mar del Norte pueden exigir primas más altas, creando una “prima geográfica” que ha impulsado el Brent en torno a los 60 dólares de diferencia entre crudos baratos y caros.

Temores de una nueva escalada militar

El tercer factor es la percepción de riesgo. En octubre, Irán atacó al menos 30 buques, la cifra más alta del conflicto. Los rebeldes hutíes de Yemen, por su parte, han lanzado ataques contra ciudades, aeropuertos, refinerías y el oleoducto Este‑Oeste de Arabia Saudita. Según Morgan Stanley, siete de los ocho días en que el Brent varió más de 2,5 dólares por barril estuvieron acompañados por noticias de conversaciones de paz o de escalada de tensiones.

El expresidente Donald Trump ha insinuado que podría autorizar un nuevo ataque a Irán tras las elecciones de mitad de mandato en EE. UU. El bajo volumen de operaciones en los futuros del Brent otorga un peso desproporcionado a cualquier apuesta alcista, y un bombardeo a gran escala podría llevar el precio a los 130‑140 dólares por barril, según Jim Burkhard de S&P Global.

Repercusiones para la economía cordobesa y argentina

Para los cordobeses, el encarecimiento del Brent no es una cifra abstracta. La mayor parte del crudo que llega a Argentina pasa por la refinería de Luján de Cuyo y la de La Plata; los márgenes de refinación se han visto comprimidos y los precios de la nafta y el diésel han subido en torno al 12 % en los últimos dos meses. Los transportistas de camiones y los taxistas de la capital provincial sienten el golpe en el bolsillo: el combustible es uno de los insumos más caros del sector y cualquier alza se traslada a los precios de los alimentos y del transporte público.

Además, la inflación ya supera el 150 % y el Banco Central mantiene una política restrictiva que encarece el crédito. Un aumento sostenido del precio del crudo podría obligar al Gobierno nacional a reajustar los subsidios a los combustibles, lo que a su vez impactaría la balanza fiscal y la capacidad de inversión en obras públicas en la región. Los agricultores de la zona sur de la provincia, que dependen del diésel para sus tractores, también verán encarecida su producción, lo que repercutirá en los precios de los granos exportados desde el puerto de Río Cuarto.

En el sector energético, la crisis del Brent reaviva el debate sobre la necesidad de diversificar la matriz. La energía eólica y solar de la provincia, que ha crecido un 35 % en los últimos tres años, podría convertirse en una alternativa para mitigar la dependencia del petróleo importado. Sin embargo, la inversión en renovables sigue siendo limitada por la alta inflación y la incertidumbre cambiaria.

Una mirada al futuro: ¿cuándo se calmará el mercado?

Los analistas coinciden en que, si bien la guerra en Oriente Medio podría estabilizarse a corto plazo, los costos estructurales de flete y la incertidumbre geopolítica mantendrán el Brent por encima de su “valor justo”, estimado por JPMorgan Chase en unos 20 dólares menos que el precio actual. La curva de futuros sugiere que los mercados temen una perturbación prolongada hasta bien entrado 2027.

Para Córdoba y el resto de Argentina, la clave está en anticiparse a esos movimientos: reforzar los subsidios temporales, impulsar la producción nacional de combustibles y acelerar la transición a energías renovables. De lo contrario, la volatilidad del petróleo seguirá encareciendo la vida cotidiana de los cordobeses, desde el precio del boleto de colectivo hasta la boleta del supermercado.

Raíces del conflicto petrolero y su eco en la provincia

El mercado del crudo ha sido históricamente un termómetro de la estabilidad mundial. Desde la crisis del petróleo de 1973, cada oleada de conflicto ha dejado su huella en la economía argentina, que depende en gran medida de la importación de energía. En los años 80, la guerra Irán‑Irak provocó una devaluación del peso y una fuerte recesión. En la década del 2000, la explosión de los precios del petróleo impulsó el auge de la producción de Vaca Muerta, pero también generó una inflación importada que afectó a los consumidores.

Hoy, la disputa entre Irán y los rebeldes hutíes vuelve a poner a prueba la resiliencia del país. La ubicación estratégica de Córdoba, con su red de autopistas que conecta el interior con los puertos del Atlántico, la convierte en una zona clave para la distribución del combustible. Cada alza del Brent se traduce en mayores costos logísticos para el transporte de granos, productos agroindustriales y mercancías en general.

En los últimos años, la provincia ha intentado diversificar su matriz energética mediante la construcción de parques eólicos en la zona de los Sierras de Córdoba y la instalación de paneles solares en edificios públicos. Estas iniciativas, aunque todavía incipientes, podrían amortiguar el impacto de futuras crisis petroleras y ofrecer una alternativa más sostenible para la población cordobesa.

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