Cultura

El Caraffa abre sus puertas al último bloque expositivo del 2026: arte, tecnología y resistencia

El Caraffa abre sus puertas al último bloque expositivo del 2026: arte, tecnología y resistencia

El Museo Emilio Caraffa, referente cultural de la media legua de oro, inauguró este viernes el último bloque de exposiciones del año 2026, que permanecerá abierto al público hasta marzo de 2027, de martes a domingo y feriados, de 10 a 17:30.

Un recorrido que cruza siglos y soportes

La propuesta curatorial se despliega en nueve salas, cada una con un discurso propio pero conectado por hilos temáticos como la fe, el género, la tecnología, la salud mental y la resistencia política. Desde la recuperación de piezas históricas de la colección permanente hasta laboratorios interactivos de última generación, la muestra invita a los cordobeses a dialogar con su propio pasado y con los retos del presente.

En la Sala 2 se presenta “Un viento sagrado – Obras de la Colección del Museo Caraffa”, una reflexión sobre lo religioso en el arte. La exposición combina obras clásicas como el San Francisco de Miguel Carlos Victorica y la Deposición de la cruz de Horacio Blas Mazza con intervenciones contemporáneas, entre ellas El olvido de Dios de José Omar Henry y piezas de Mercedes Cammisa, última adquisición del museo. La muestra se inscribe en la conmemoración de la visita del papa León XIV a la ciudad, recordando la profunda huella del catolicismo en la identidad cordobesa.

Visibilizando a las creadoras y la crítica social

La Sala 3 alberga “El alma. Notas para la sobrevivencia”, tercera entrega del ciclo Visualmente incorrectas. Con una selección que incluye a Sofía Bothlingk, Ananké Asseff, Mariette Lydis, Sara Fernández y Marcia Schvartz, la exposición revisa la presencia histórica de las mujeres en colecciones institucionales. A través de cuatro núcleos conceptuales —Concentración afectiva, Éxtasis de las almas, Un plan extraño y La atención constante—, la muestra combina pintura, fotografía, bordado y video para resignificar cuerpo, maternidad y deseo.

En la Sala 4 destaca “Cruel en el cartel. Viñetas con soda”, del diseñador cordobés Alejandro Barbeito. Con una trayectoria que arranca en 1982, Barbeito propone afiches cargados de ironía donde objetos de la cocina –tazas, botellas y cucharas– se convierten en metáforas de la cotidianidad política y social. La pieza resuena con la tradición del humor gráfico que ha caracterizado a la escena artística de Córdoba desde los años setenta.

Laboratorios sensoriales y la memoria colectiva

Las Salas 6 y 7 son territorio del colectivo Esotecnia.lab, que presenta “Transducciones sinestésicas”. El proyecto, liderado por Andrés Senn, Laura Colombo y un equipo multidisciplinario, combina programación, electrónica analógica reciclada y diseño de interacción para crear instalaciones inmersivas que invitan a “mirar el sonido” o “escuchar con las manos”. La propuesta abre una puerta al futuro de la museología cordobesa, donde la tecnología se vuelve herramienta de inclusión y experimentación.

El cierre del itinerario, en las Salas 8 y 9, está a cargo de la artista local Karola Margara con “Una ablución o seguir con el soplo de la locura”. Egresada de la UNC y operadora terapéutica en salud mental y adicciones, Margara despliega mantos suspendidos, bordados y fotografías que procesan heridas individuales y colectivas, cuestionando los estigmas históricos que rodean la salud mental en nuestra sociedad.

Un punto álgido de la noche fue la Sala 5, donde Daniel “Semilla” Bucciarelli presentó “Curiosidades diversas”. El bajista de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, ahora a la pintura, arma un universo caótico de telas, maderas y cartones donde rostros, animales y manchas se entrelazan, recordando la energía del rock cordobés y su capacidad de reinventarse.

Ecos de la historia del Caraffa

Fundado en 1915 bajo la visión del pintor Emilio Caraffa, el museo ha sido un pilar del desarrollo cultural de la provincia. Desde su sede original en la calle Laprida, pasando por la remodelación de los años noventa, hasta la reciente ampliación de 2022, el edificio ha albergado obras de maestros como Raúl García Páez y Lucio Fontana. Cada bloque expositivo refuerza el compromiso del Caraffa con la democratización del arte y la educación popular, una misión que se vuelve crucial en tiempos de crisis económica.

El último bloque del 2026 no solo amplía la oferta museística; genera empleo directo para curadores, técnicos y artistas locales, y dinamiza la economía del sector turismo cultural. Según datos del Ministerio de Cultura de Córdoba, la visita al museo incrementó en un 12 % el flujo de turistas extranjeros en el último semestre, lo que se traduce en mayor ocupación hotelera y mayor consumo en comercios del centro histórico.

En un contexto donde la cultura pública enfrenta recortes, la apertura del Caraffa demuestra que la inversión en arte sigue siendo una herramienta poderosa para fortalecer la identidad regional y ofrecer espacios de reflexión críticos. La comunidad cordobesa, desde estudiantes hasta jubilados, encuentra en estas salas un refugio donde la imaginación y la crítica se entrelazan, alimentando la resiliencia de una ciudad que siempre busca reinventarse.

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