El Museo Caraffa lanza “Precioso prejuicio”, juego de arte y reflexión para escuelas cordobesas
El Museo Caraffa presenta un juego educativo que combina arte, restauración y reflexión para estudiantes de Córdoba.

El Museo Caraffa lanza “Precioso prejuicio”, juego de arte y reflexión para escuelas cordobesas
El Museo Provincial de Bellas Artes Emilio Caraffa abre sus puertas a la comunidad educativa con Precioso prejuicio, una propuesta pedagógica que combina restauración, audiovisual y juego para que niños y adolescentes descubran cómo se construye el conocimiento artístico y desmonten estereotipos de género y clase.
Un taller de restauración que sale a la luz
En el corazón del museo, la Sala 0 se transforma en un laboratorio de aprendizaje. Allí se exhibe una obra recientemente restaurada, perteneciente a la colección permanente, acompañada de un video donde dos actores –una mujer y un hombre– analizan la pieza y describen el proceso de restauración. El reto para los alumnos es identificar cuál de los dos discursos es verdadero y cuál es una trampa.
Esta dinámica, más que un juego, pone el foco en el taller de restauración que funciona desde 2007 bajo la dirección de la restauradora Julieta Plutman y la ebanista Belén Rivero Ríos. El equipo, compuesto por técnicos y artesanos, ha recuperado obras de artistas cordobeses como Emilio Caraffa, Juan Márquez y Raúl García, devolviéndoles su brillo original y, con ello, una parte esencial de la memoria cultural de la provincia.
Cómo funciona la actividad
La propuesta es guiada por un mediador del museo, quien acompaña a los grupos durante la experiencia. Cada sesión dura aproximadamente una hora y está diseñada para que el aprendizaje sea colaborativo, dinámico y significativo. Los docentes pueden reservar la actividad por correo electrónico (educacion@gmail.com) y elegir entre los horarios disponibles: turno mañana los martes a viernes a las 10:30 hs y 12:00 hs, y turno tarde los miércoles y viernes a las 14:30 hs.
La actividad está pensada exclusivamente para estudiantes de nivel primario y secundario, y se realiza en la Av. Poeta Lugones 411, Córdoba. La inscripción previa es obligatoria para garantizar la disponibilidad de mediadores y la organización del espacio.
Impacto en la comunidad educativa cordobesa
Más allá de la diversión, Precioso prejuicio busca que los jóvenes cuestionen los prejuicios que rodean al arte y a la cultura. Al trabajar con una obra real y observar de cerca el proceso de restauración, los alumnos aprenden que el arte no es solo cosa de museos elitistas, sino que está al alcance de todos y que su conservación depende de profesionales que hacen su laburo con pasión.
En una provincia donde la educación artística a menudo compite con otras materias, esta iniciativa del Caraffa representa una oportunidad para integrar el arte en el currículo escolar sin que implique costos adicionales para las instituciones. Además, la propuesta se alinea con la política provincial de inclusión cultural, que promueve la igualdad de acceso a la cultura para todos los sectores sociales.
De la restauración a la enseñanza: la historia del taller del Caraffa
El taller de restauración del Museo Caraffa nació en 2007, cuando la institución decidió crear un espacio interno que permitiera conservar y devolver a la luz obras que habían sido dañadas por el tiempo, la humedad o el descuido. Desde entonces, el taller ha trabajado en más de 200 piezas, desde pinturas al óleo hasta objetos de madera y textiles, consolidándose como una referencia en la región.
Julieta Plutman, restauradora con más de 15 años de experiencia, lidera el equipo con una visión que combina rigor científico y sensibilidad artística. Belén Rivero Ríos, ebanista especializada en la recuperación de marcos y muebles históricos, complementa el trabajo con técnicas tradicionales de carpintería que garantizan la integridad estructural de cada pieza.
El taller no solo se ocupa de la conservación física, sino que también genera contenido educativo: videos, guías y ahora la actividad Precioso prejuicio. Este enfoque ha permitido que el museo se convierta en un centro de aprendizaje activo, donde la restauración no es un proceso oculto, sino una experiencia visible y participativa para el público.
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