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Hutíes advierten a Turquía y Pakistán: no se metan en la guerra de Yemen con Arabia Saudí

Abdelmalik al‑Huti lanzó un llamado a los gobiernos de Ankara y Islamabad para que no se sumen al bloque saudí en el conflicto yemení.

Hutíes advierten a Turquía y Pakistán: no se metan en la guerra de Yemen con Arabia Saudí

Lead: El líder de los rebeldes hutíes, Abdelmalik al‑Huti, lanzó un mensaje televisado este domingo en el aniversario de la toma de Saná (2014) advirtiendo a Turquía y Pakistán que no se sumen militarmente al pacto de defensa colectiva firmado con Arabia Saudí el 7 de agosto. La advertencia se produce en medio de una nueva ofensiva hutí que avanza por la costa del Mar Rojo y pone en jaque la estratégica zona del estrecho de Bab el‑Mandeb.

El discurso de al‑Huti y el pacto de defensa de La Meca

Durante su intervención, al‑Huti acusó a los gobiernos de Ankara y Islamabad de dejarse engatusar por los “intereses políticos y materiales del enemigo saudí”. Según el dirigente, Riad está intentando reclutar a nuevos aliados, entre ellos a Estados Unidos e Israel, para reforzar su campaña contra los hutíes. El mensaje coincidió con la firma del Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca, que establece que un ataque contra cualquiera de los signatarios será considerado una agresión contra los tres, ampliando la cooperación en seguridad y defensa.

Escalada militar en la costa del Mar Rojo

Desde septiembre, los hutíes han intensificado su ofensiva terrestre y marítima, logrando avanzar por la franja costera del Mar Rojo y acercarse al estrecho de Bab el‑Mandeb, la ruta que conecta el Mar Rojo con el Golfo de Adén y que sirve de pasaje vital para el comercio entre Europa, Asia y Oriente Medio. Los ataques con misiles y drones contra instalaciones saudíes se acompañan de una campaña aérea saudí que, según el portavoz hutí Yahya Sarea, ha empleado aviones F‑15 y Typhoon en 28 incursiones contra Taiz, Al Jawf y Marib, elevando a 760 el número total de bombardeos desde el inicio de la escalada.

Impacto humanitario y la presión internacional

La ofensiva ha provocado un nuevo flujo de desplazados internos. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) registró 118.086 personas desplazadas entre junio y el 17 de septiembre, concentrándose el 57 % de los movimientos en Taiz y el 26 % en Lahj. Mientras tanto, el presidente del Consejo de Liderazgo Presidencial de Yemen, Rashad al‑Alimi, buscó apoyo estadounidense en una llamada con el ex‑presidente Donald Trump, quien no se comprometió a enviar ayuda militar directa. Washington sigue catalogando a los hutíes como una organización terrorista extranjera y colabora con socios regionales para limitar sus capacidades.

¿Qué implica la advertencia para la política exterior de Turquía y Pakistán?

Para Ankara y Islamabad, la postura de al‑Huti representa un dilema diplomático. Ambos países comparten lazos estratégicos con Arabia Saudí, pero también buscan equilibrar sus intereses en la región y evitar un conflicto que pueda escalar a sus fronteras. La advertencia hutí llega en un momento en que Turquía está expandiendo su proyección naval en el Mediterráneo y el Mar Rojo, mientras Pakistán mantiene una estrecha relación de defensa con los saudíes y los Emiratos Árabes Unidos.

Ecos históricos de la rivalidad en el Mar Rojo

El estrecho de Bab el‑Mandeb ha sido, desde la época de los imperios coloniales, un punto neurálgico de poder y comercio. Durante la Guerra Fría, potencias como EE. UU. y la Unión Soviética disputaron su control para garantizar el flujo de petróleo. En los últimos años, la presencia de milicias locales y el auge del terrorismo han convertido al corredor en un escenario de confrontación entre actores estatales y no estatales.

En el contexto yemení, la caída de Saná en 2014 marcó el inicio de una guerra que ha visto a potencias regionales como Irán y Arabia Saudí apoyarse mutuamente a través de proxies. Los hutíes, respaldados por Teherán, han utilizado el Mar Rojo como vía de presión contra la coalición saudí, mientras que Riad ha buscado reforzar su alianza con países como Turquía y Pakistán para contrarrestar la influencia iraní.

Hoy, la amenaza de al‑Huti a los aliados saudíes refleja una estrategia de disuasión: impedir que la coalición se expanda y, a la vez, demostrar que los hutíes pueden influir en la agenda diplomática de potencias fuera del Golfo. El futuro de la zona dependerá de cómo se equilibren los intereses geopolíticos, económicos y de seguridad de los actores involucrados, y de si la comunidad internacional logrará mediar una solución que reduzca la presión sobre las rutas marítimas críticas.

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