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Kushner y Witkoff persiguen la fórmula perdida para terminar la guerra entre Ucrania y Rusia

Kushner y Witkoff viajan a Moscú y Kiev en busca de la fórmula que ponga fin al conflicto

Kushner y Witkoff persiguen la fórmula perdida para terminar la guerra entre Ucrania y Rusia

El enviado especial de Estados Unidos, Jared Kushner, y su colega Steve Witkoff recorrieron Moscú y Kiev el pasado fin de semana con la misión de reactivar las negociaciones que, según ellos, podrían poner fin a la invasión que arrasó el territorio ucraniano desde 2022. En la conferencia de Estrategia Europea de Yalta, celebrada en la capital ucraniana, Kushner sostuvo que ambas partes están dispuestas a dialogar, pero que todavía falta “la fórmula adecuada” para sellar un acuerdo que satisfaga a todos.

Un viaje relámpago entre capitales en busca del consenso

El viernes 5 de septiembre, los dos enviados estadounidenses arribaron a Moscú, donde sostuvieron una reunión de alto nivel con el presidente Vladimir Putin. Al día siguiente, cruzaron la frontera y se presentaron en la sede del gobierno ucraniano para conversar con Volodímir Zelenski. Según fuentes cercanas, la agenda incluyó temas tan sensibles como la liberación de prisioneros, la delimitación de zonas desmilitarizadas y los posibles compromisos de seguridad que Ucrania exigiría a cambio de cualquier cesión territorial.

“Estamos muy comprometidos con encontrar una solución, y el presidente Trump también lo está”, declaró Kushner por vía telemática, añadiendo que tanto Zelenski como Putin mostraron una “gran disposición” para sentarse a la mesa. El mensaje, sin embargo, estuvo cargado de advertencias: sin un impulso político sólido, cualquier intento de acuerdo podría desvanecerse antes de concretarse.

La postura ucraniana: ¿un acuerdo que beneficie a todos?

En un comunicado emitido desde la base aérea canadiense de North Bay, donde Zelenski se encontraba entrenando a pilotos, el mandatario ucraniano rechazó la idea de una fórmula que “gane a todos”. “No hay una situación en la que todos ganen en esta guerra. La paz es una victoria comparada con la guerra, pero ya teníamos paz antes del conflicto”, subrayó, exigiendo garantías de seguridad que impidan una posible expansión rusa.

El Kremlin, por su parte, descartó la posibilidad de una reunión bilateral entre Zelenski y Putin durante la cumbre del G20 prevista en Miami a finales de diciembre, manteniendo la postura de que cualquier encuentro tendría que celebrarse en la capital rusa. Dmitri Peskov, portavoz del Kremlin, señaló que “si Zelenski realmente quiere reunirse con Putin, puede venir a Moscú”. La única propuesta formal del Kremlin sigue siendo que la negociación se realice en territorio ruso.

Impacto en la región cordobesa y argentina: ¿qué significa este intento de paz para nuestro bolsillo?

Para la industria agroexportadora de Córdoba, la estabilidad en Europa tiene un efecto directo sobre los precios internacionales de los commodities. Una reducción del conflicto podría aliviar la presión sobre los mercados de granos, que actualmente se ven afectados por la incertidumbre de los flujos comerciales entre Rusia y la UE. Además, la posible normalización de relaciones entre Washington y Moscú abriría la puerta a nuevas oportunidades de inversión en energía y tecnología, sectores que en la provincia están en plena expansión.

En el plano social, la comunidad de inmigrantes ucranianos y rusos en la provincia observa con atención los avances de estas negociaciones. La posibilidad de que se liberen más prisioneros o se establezcan corredores humanitarios tendría un eco en las familias cordobesas que mantienen lazos con ambos países. Asimismo, la discusión sobre garantías de seguridad podría inspirar a los gobiernos locales a reforzar sus propios protocolos de seguridad y gestión de crisis.

Los retos que aún quedan en el tablero diplomático

El mayor obstáculo, según los analistas, es la falta de una “impulso político” que haga que las partes acepten compromisos difíciles. La presión interna en Moscú y en Kiev, así como la influencia de aliados como China, Turquía y la propia UE, complican la ecuación. Además, la sombra de la posible asistencia de Putin al G20 sigue sin resolverse; el asesor ruso Yuri Ushakov admitió que aún no se ha tomado una decisión al respecto.

Mientras tanto, la comunidad internacional sigue vigilando la conversación telefónica que mantuvieron Trump y Putin el 8 de septiembre, en la que se tocaron temas de intercambio de prisioneros y la situación militar en el frente. El hecho de que ambas partes hayan abierto canales de comunicación directa podría, a futuro, facilitar la concreción de la “fórmula adecuada” que tanto Kushner como Witkoff buscan.

Raíces históricas de la diplomacia en la región del Cáucaso

La zona del Cáucaso ha sido, desde la caída de la Unión Soviética, un escenario recurrente de negociaciones complejas y de cambios de alianzas. Los acuerdos de Minsk de 2015, que pretendieron frenar el conflicto en el este de Ucrania, nunca lograron una implementación plena, dejando una herida abierta que se ha alimentado de desconfianzas mutuas. En la década de los 90, los intentos de mediación de la OSCE también mostraron los límites de una diplomacia que depende de la voluntad de los líderes para ceder territorios estratégicos.

En la historia reciente, la visita de presidentes estadounidenses a la región ha sido esporádica pero decisiva. La llegada de Bill Clinton en 1999, por ejemplo, marcó un punto de inflexión en la ayuda humanitaria a los refugiados de Chechenia. Hoy, la presencia de Kushner y Witkoff recuerda esas intervenciones, aunque en un contexto mucho más complejo, donde la geopolítica global está reconfigurada por la guerra en Ucrania.

En Córdoba, la memoria de los años de la dictadura y la lucha por la democracia siguen siendo referentes para entender la importancia de la negociación como herramienta para evitar la violencia. La experiencia local de reconstruir la sociedad después de años de represión aporta una perspectiva valiosa: la paz no es un regalo, es el resultado de un trabajo constante, de “laburo” y de la capacidad de los dirigentes para escuchar y ceder sin perder la dignidad.

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