La fuente del Buen Pastor: cómo un joven cordobés convirtió su pasión en código
Un joven de 19 años transforma su pasión por la fuente del Buen Pastor en código y creatividad.

La fuente del Buen Pastor: cómo un joven cordobés convirtió su pasión en código
Jeremías Bocanegra, de 19 años, pasa sus tardes frente a la consola de programación del emblemático espectáculo de aguas danzantes del Paseo del Buen Pastor. Mientras la música se eleva y los chorros se entrelazan, él visualiza cada movimiento antes de que la pantalla cobre vida, ajustando alturas, colores y ritmos para lograr la sincronía perfecta.
De la curiosidad infantil a la programación profesional
Desde que tenía dos años, el sonido de la fuente lo llamaba como un imán. Mientras otros niños corrían a jugar al parque, él se quedaba mirando cómo el agua respondía a la melodía. “Desde muy chiquito me gustan las aguas danzantes, sobre todo las de la fuente del Buen Pastor. Era la fuente a la que siempre quería ir”, recuerda con una sonrisa.
Con el paso de los años, esa fascinación se transformó en una búsqueda autodidacta. Jeremías empezó a jugar con simuladores de luces y fuentes en su computadora, experimentando con el protocolo DMX, la misma tecnología que se usa en conciertos internacionales para controlar luces y efectos. “Aprendí desde chiquito, investigué en juegos. Hay un simulador de aguas danzantes y hacía lo que podía. Hasta que crecí y descubrí cómo funciona realmente el sistema que usan aquí”, cuenta.
El DMX, originalmente pensado para iluminar escenarios, fue adaptado al Buen Pastor para que agua, luz y música bailen al mismo compás. Hoy, el joven no solo entiende el código, sino que lo vive: crea secuencias, prueba el software de automatización que el equipo técnico está desarrollando y envía sus observaciones para pulir el sistema.
El valor de un espacio público para la formación de talentos
Para Ayrton Peyrille, técnico encargado de la fuente, la historia de Jeremías tiene un sentido muy personal. “Me pone muy contento ver cómo Jere se desenvuelve con la fuente. Me recuerda a mí cuando era chico y empecé con este tema”, comenta mientras revisa las nuevas coreografías que el joven le envía. El equipo técnico, ahora, trabaja en una plataforma propia de programación y automatización; Jeremías es uno de los primeros beta‑testers y ya ha creado varias piezas musicales‑acuáticas con ella.
El Paseo del Buen Pastor, inaugurado en 2007, celebra su 19.º aniversario como epicentro cultural de la ciudad. Más que una zona de conciertos y exposiciones, se ha convertido en una escuela informal donde la comunidad aprende, experimenta y se siente parte de algo mayor. “Para mí el Buen Pastor es mi lugar en el mundo. Desde muy chiquito siempre quería venir por las aguas danzantes. Pero más allá de la fuente, me siento seguro. Siento que vale la pena estar ahí”, afirma Jeremías.
Esta relación simbiótica entre el espacio y sus usuarios muestra cómo la arquitectura urbana puede despertar vocaciones y abrir puertas a carreras inesperadas. En un país donde la brecha entre la educación formal y la tecnológica sigue siendo amplia, iniciativas como esta ofrecen una ruta alternativa para jóvenes que, como Jeremías, descubren su pasión en la calle.
El futuro de la interacción entre arte, tecnología y comunidad
El proyecto de automatización que el equipo técnico está desarrollando promete ampliar las posibilidades creativas de la fuente. Con una interfaz más amigable, no solo técnicos, sino también artistas y estudiantes podrán diseñar sus propias coreografías. Jeremías ya imagina una escuela de programación de espectáculos acuáticos para jóvenes de barrios vulnerables, donde la creatividad se combine con la técnica.
Además, la integración de la fuente con redes sociales y plataformas de streaming abre la puerta a que el espectáculo sea disfrutado más allá de los límites físicos del paseo. “Me gustaría que la gente pueda ver nuestras creaciones en línea y, tal vez, que otros municipios copien la idea”, sugiere.
En un contexto donde la cultura y la tecnología compiten por la atención de los jóvenes, la fuente del Buen Pastor se perfila como un laboratorio vivo que combina ambas disciplinas y genera oportunidades de empleo y desarrollo local.
Raíces del Buen Pastor y su impacto en la juventud cordobesa
El Paseo del Buen Pastor nació como parte de la revitalización del centro histórico de Córdoba, ocupando el antiguo convento de los Franciscanos. Su arquitectura combina el estilo colonial con intervenciones contemporáneas, creando un escenario que ha acogido a miles de visitantes cada año. Desde su inauguración, la fuente de aguas danzantes se ha convertido en su sello distintivo, atrayendo a turistas y a vecinos por igual.
Con el paso del tiempo, el espacio ha albergado festivales de música, ferias de arte, mercados gastronómicos y talleres de formación. Estas actividades han generado empleo directo e indirecto, impulsando a pequeños comercios y artesanos locales. En 2023, el Paseo recibió más de 1,2 millones de visitantes, lo que se tradujo en un aumento del 8 % en la recaudación de la ciudad por turismo cultural.
El caso de Jeremías ilustra cómo la interacción cotidiana con un espacio público puede desencadenar carreras inesperadas. Su historia se suma a otras iniciativas cordobesas, como el programa “Jóvenes Coders del Centro” y los talleres de arte digital del Museo de Bellas Artes Emilio Caraffa, que buscan canalizar la creatividad juvenil hacia sectores productivos.
En definitiva, la fuente del Buen Pastor no solo es un espectáculo visual; es un motor de desarrollo humano y económico que, a través de la tecnología, abre nuevas rutas de aprendizaje y empleo para la generación que está construyendo el futuro de Córdoba.

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