Los centros de datos en EE.UU.: cómo la política de la IA está reconfigurando la lucha electoral y qué implica para Córdoba
Una mirada al auge de los “gigantes de silicio” y su choque con la política estadounidense, con la mirada cordobesa sobre energía y empleo.

Los centros de datos en EE.UU.: cómo la política de la IA está reconfigurando la lucha electoral y qué implica para Córdoba
Lead: Los enormes almacenes de servidores que alimentan la inteligencia artificial se han convertido en el último campo de batalla político en Estados Unidos. Gobernadores de Texas, Illinois y Pensilvania han alternado entre incentivos y moratorias, mientras que la Cámara de Representantes aprobó la Ley de Protección del Consumidor para frenar el impacto de estos megastructuras en la factura eléctrica. En medio de la disputa, el expresidente Donald Trump advirtió que atacar a los centros de datos sería “matar la gallina de los huevos de oro”. En Córdoba, la discusión se traduce en preguntas sobre energía, empleo y la posibilidad de atraer inversiones tecnológicas.
De la bonanza a la bronca: el giro de la opinión pública
En 2019, el gobernador de Illinois, J.B. Pritzker, firmó una ley bipartidista que ofrecía incentivos fiscales a los operadores de centros de datos, describiendo a estas instalaciones como “tan cruciales como carreteras y escuelas”. En Texas, Greg Abbott proclamó a su estado como el epicentro del desarrollo de IA, mientras que en Pensilvania, Josh Shapiro prometió apoyo total al sector. Sin embargo, a partir de 2023 la marea cambió. Encuestas de Gallup y The Economist/YouGov mostraron que el 71 % de los estadounidenses se oponían a la construcción de nuevos centros, y la oposición se consolidó en protestas locales, como la de cientos de residentes en el sur de Chicago que se movilizaron contra un proyecto que, según ellos, ni siquiera era un centro de datos.
Los datos de los últimos ocho meses revelan que los condados estadounidenses presentaron 409 moratorias o medidas similares, casi siete veces más que el año anterior. Más de una quinta parte de los condados en estados clave para las elecciones de mitad de mandato aprobaron al menos una moratoria, lo que evidencia que el tema ha trascendido lo técnico para convertirse en una cuestión de voto.
El costo energético y el debate de los impuestos
Según el Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley, los centros de datos consumieron el 4,4 % de la electricidad de EE.UU. en 2023 y podrían llegar al 15,3 % para 2030. Este consumo ha generado temores sobre el aumento de los precios mayoristas, aunque el Instituto de Investigación de Energía Eléctrica señala que la expansión de la infraestructura ha reducido el precio promedio de la electricidad en un 6 % entre 2019 y 2024 al distribuir los costos fijos de la red.
Empresas como Google y Amazon han intentado calmar los ánimos, destacando que su consumo de agua representa una fracción mínima del riego agrícola nacional. Google afirma que en 2025 sus centros usarán 10.900 millones de galones de agua, equivalentes al riego anual de 73 campos de golf, mientras que el consumo total de agua de los centros de datos es 2 % del de la agricultura.
En respuesta, compañías eléctricas como Georgia Power, Pacific Gas & Electric e Indiana Michigan Power han lanzado tarifas especiales para grandes consumidores, intentando equilibrar la carga de la red y ofrecer precios competitivos a los operadores.
¿Qué significa esto para Córdoba y la región?
Para los cordobeses, la discusión americana tiene resonancia directa. La provincia, con su creciente parque de energía renovable y su ambición de convertirse en hub tecnológico, observa con atención cómo la política estadounidense maneja la tensión entre desarrollo y sostenibilidad. Si los centros de datos pueden generar empleos bien remunerados y atraer inversión, también pueden presionar la red eléctrica y elevar los costos de energía para la industria local.
Empresas como Globant y Mercado Libre ya operan grandes infraestructuras de cómputo en la región, y la posibilidad de que inversores extranjeros busquen instalar nuevos centros en Córdoba depende de la estabilidad regulatoria. La experiencia de Texas, donde el gobernador Abbott ordenó auditorías a todos los centros que solicitan electricidad, muestra que la incertidumbre política puede retrasar proyectos y encarecer los costos de licenciamiento.
Además, la presión social que se vive en EE.UU. –manifestaciones, moratorias y campañas de desinformación – podría replicarse en Córdoba si la ciudadanía percibe que los centros de datos impactan negativamente en el suministro de agua o en la factura de luz. La lección es clara: la transparencia y la participación ciudadana serán clave para que cualquier proyecto de este tipo sea aceptado.
Los intereses ocultos y la desinformación digital
Algunos defensores de los centros de datos han culpado a potencias extranjeras de la ola de rechazo. Donald Trump señaló que “China no podría estar más contenta” con la oposición. En junio, OpenAI denunció una campaña de bots chinos en X (Twitter) que intentaba difundir material anti‑centros de datos. Sin embargo, los análisis posteriores mostraron escasa interacción, lo que sugiere que la raíz del rechazo es más doméstica: miedo a la IA, temor a la pérdida de empleos y preocupación por el consumo de recursos.
Encuestas de Fox News revelan que el 75 % de los encuestados citan consumo energético, facturas de agua y tráfico como principales objeciones, mientras que solo el 11 % menciona la IA como causa. Este escenario indica que la narrativa de “amenaza tecnológica” está siendo desplazada por la defensa de recursos locales.
Perspectivas a futuro y lecciones para la política cordobesa
El analista Jack Painter (Capstone) advierte que los centros de datos buscarán estados con marcos regulatorios permisivos. Texas sigue liderando en construcciones, superando a Georgia, Arizona y Pensilvania combinadas. Si Córdoba quiere atraer estas inversiones, deberá diseñar incentivos claros, pero también establecer mecanismos de control ambiental y de participación ciudadana que eviten la “reacción de la gente en la calle”.
Un estudio de Echelon Insights muestra que la oposición puede revertirse si se comunican beneficios tangibles, como reducción de impuestos a la propiedad o mayor gasto en educación. En Córdoba, un modelo similar podría traducirse en becas para carreras de cómputo o inversión en infraestructura de banda ancha, creando un círculo virtuoso entre desarrollo tecnológico y bienestar social.
En conclusión, la polémica estadounidense sobre los centros de datos no es un caso aislado; es una señal de que la revolución de la IA está reconfigurando la política, la economía y la percepción ciudadana. Para Córdoba, la lección está en anticipar la discusión, diseñar políticas que equilibren crecimiento y sostenibilidad, y convertir la inquietud en una oportunidad para posicionar a la provincia como referente en tecnología responsable.
Raíces y repercusiones: de los primeros servidores a la era de la IA
Los centros de datos nacieron en la década de los 60 como simples salas de servidores para instituciones académicas y gubernamentales. En los años 90, la explosión de internet impulsó la construcción de “granjas” en lugares con energía barata, como el norte de Texas y el sur de Illinois. Con la llegada de la IA generativa en 2022, la demanda de capacidad de cómputo se disparó, convirtiendo a los centros de datos en piezas estratégicas para la competitividad nacional.
En Argentina, la primera gran instalación de servidores se ubicó en la zona de la Patagonia, aprovechando el frío natural para reducir costos de refrigeración. Sin embargo, la falta de políticas claras y la escasa inversión en energía renovable limitaron su expansión. Hoy, Córdoba cuenta con un potencial energético renovable que podría replicar ese modelo, siempre que se acompañe de una regulación que evite los excesos que han provocado la ola de protestas en EE.UU.
Así, la historia de los centros de datos muestra cómo la infraestructura tecnológica puede ser motor de desarrollo o foco de conflicto, según cómo se gestione la relación entre empresa, Estado y comunidad. La experiencia americana ofrece un espejo en el que Córdoba puede ver reflejados tanto los riesgos como las oportunidades de la era digital.
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