El Winnipeg: la odisea de Pablo Neruda que salvó a más de dos mil refugiados españoles
El rescate marítimo de 2.078 españoles en 1939 marcó una de las mayores gestas humanitarias de la historia chilena.

El Winnipeg: la odisea de Pablo Neruda que salvó a más de dos mil refugiados españoles
Lead: En agosto de 1939, el carguero francés Winnipeg, bajo el mando del capitán Gabriel Pupin y con la intervención del poeta diplomático Pablo Neruda, zarpó de Pauillac rumbo a Chile llevando a bordo 2.078 españoles que huían de los campos de internamiento franceses tras la derrota de la República en la Guerra Civil.
El drama de los campos franceses y la chispa de la solidaridad chilena
Tras el colapso de la República en abril de 1939, cientos de miles de españoles cruzaron la frontera con Francia buscando asilo. El gobierno francés, sobrepasado, los confinó en barracas improvisadas en la frontera, lugares que hoy describiríamos como verdaderos campos de concentración: falta de agua potable, escasa alimentación y condiciones sanitarias deplorables que provocaron muertes por desnutrición y enfermedades. Fue en ese contexto que Pablo Neruda, quien había sido cónsul chileno en Barcelona y Madrid, decidió actuar. Junto al ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Abraham Ortega Aguayo, lograron que el presidente Pedro Aguirre Cerda autorizara la migración masiva, siempre priorizando perfiles técnicos pero sin excluir a pescadores, campesinos, zapateros y artistas.
La logística de un rescate imposible: del Havre al Pacífico
El Winnipeg era un buque mercante de 5.000 toneladas construido en 1918 en los astilleros Atéliers et Chantiers de France, en Le Havre. Su propietario, France Navigation, lo cedió al Comité Internacional de Información, Cooperación y Ayuda a la España Republicana para que transportara refugiados desde Alicante a Orán. En junio‑julio de 1939 el barco fue adaptado para acoger a más de dos mil personas, una proeza de ingeniería que incluyó la instalación de literas, cocinas y áreas sanitarias improvisadas. Neruda, nombrado cónsul delegado para la Inmigración Española, viajó a París, redactó la convocatoria y entrevistó a los solicitantes personalmente, ofreciendo un mensaje que resonó en los corazones de los españoles: “Chile dista mucho de ser un paraíso, pero nuestra tierra solo entrega su esfuerzo a quien la trabaja duramente”.
Entre los que respondieron estaba el ingeniero Víctor Pey, quien había adaptado la industria metalúrgica catalana a la fabricación de municiones. Tras una entrevista “poco cálida”, recibió la nota que le indicaba abordar el Winnipeg con su hermano. Otros como Mercedes Corbato describieron la partida como “una gran alegría poder subir a ese barco que nos iba a traer a la libertad”.
Una travesía marcada por el peligro y la valentía de la tripulación
El 4 de agosto de 1939 el Winnipeg zarpó de Pauillac bajo el mando del capitán Gabriel Pupin, un oficial que, según testimonios, simpatizaba abiertamente con el nazismo y planeó entregar a los refugiados a autoridades franquistas en un puerto español. La tripulación, sin embargo, se opuso. El jefe de marineros Emile Sellon y el oficial Jean Rivoual encabezaron una resistencia que, con el apoyo de varios marineros, frustró los intentos de Pupin. Los relatos de Ovidio Oltra, pasajero, y de Sellon, publicados en Francia en 1970, revelan los sabotajes y la tensión a bordo, evidenciando que sin la intervención de la tripulación el Winnipeg jamás habría llegado a Valparaíso.
Durante un mes de navegación, el barco tuvo que mantenerse a oscuras cerca de la costa para evitar ataques de submarinos alemanes. El 26 de agosto arribó a Arica, donde un grupo descendió para instalarse en el norte chileno. Finalmente, la noche del 2 de septiembre el buque entró al puerto de Valparaíso y, al día siguiente, los 2.078 refugiados desembarcaron bajo la atenta mirada del ministro de Sanidad Salvador Allende, quien organizó la vacunación contra el tifus.
El legado de los supervivientes y la huella cultural en Chile
Entre los desembarcados estaban figuras que marcarían la vida cultural chilena: el pintor José Balmes, la artista plástica Roser Bru, el dramaturgo José Ricardo Morales, el historiador Leopoldo Castedo y el ingeniero Víctor Pey, junto a su esposa la pianista Diana. También nació durante la travesía la niña Agnes América Winnipeg Alonso Bollada, símbolo viviente de la esperanza que cruzó el Atlántico. Tras la llegada, muchos se dirigieron a Santiago, donde fueron recibidos por una comunidad de españoles y chilenos simpatizantes de la República; otros tomaron trenes hacia Buenos Aires, ampliando la diáspora ibérica en el Cono Sur.
El agradecimiento a Neruda quedó grabado en la memoria colectiva. José Balmes confesó que “nunca podré pagar la deuda de amor que tengo con Pablo Neruda”. La travesía del Winnipeg no solo salvó vidas, sino que sembró una semilla de solidaridad que influyó en la política migratoria chilena y en la percepción del país como refugio para perseguidos.
Ecos de una odisea que marcó la historia migratoria chilena
El episodio del Winnipeg se inscribe en una larga tradición de Chile como puerto de asilo. Desde la llegada de los refugiados judíos en los años 30 hasta la acogida de exiliados políticos de la década de 1970, el país ha repetido la jugada de abrir sus puertas cuando otros cierran. La operación de 1939 mostró la capacidad de coordinación entre organismos internacionales, comités de ayuda y el Estado chileno, un modelo que se replicó en posteriores crisis migratorias.
Desde la perspectiva cordobesa, la historia del Winnipeg resuena en la actualidad. La provincia ha recibido oleadas de migrantes sudamericanos que, al igual que los españoles de 1939, buscan oportunidades y seguridad. Las lecciones de solidaridad y de la necesidad de políticas públicas de integración siguen vigentes en los debates sobre la regularización laboral y la educación de los hijos de migrantes.
Hoy, el Winnipeg es recordado en museos y centros culturales de Chile y España. En Córdoba, la Casa de la Cultura se prepara para una exposición que mostrará documentos, fotografías y testimonios de los pasajeros, recordando que la poesía de Neruda no solo quedó en versos, sino que se tradujo en acciones concretas que cambiaron el destino de miles de personas.
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