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Las cinco erupciones volcánicas que dejaron la mayor huella de muerte y clima en la historia

Un recorrido por las catástrofes volcánicas que cambiaron el clima y la forma de vivir en el mundo y en Córdoba.

Desde los confines de Indonesia hasta los valles de Japón, cinco explosiones volcánicas superaron cualquier cálculo de devastación humana, marcando no solo cientos de miles de víctimas sino también alteraciones climáticas que se sintieron en la llanura pampeana y en la cordobesa. Según los registros del Smithsonian Global Volcanism Program y la Oregon State University, la letalidad de una erupción depende más de la cercanía de poblaciones, la ausencia de sistemas de alerta y los fenómenos colaterales como tsunamis o lahares que de la magnitud explosiva del propio volcán.

Tambora (Indonesia): la catástrofe que cambió el clima global

Encabezando la lista está el Monte Tambora, cuya erupción en abril de 1815 expulsó más de 150 km³ de tefra, provocando la muerte de entre 60.000 y 92.000 personas. El cataclismo arrasó cultivos, destruyó aldeas y, lo que es más grave para nosotros los cordobeses, desencadenó el famoso “año sin verano” de 1816. Las cosechas de trigo en la Pampa sufrieron una caída drástica y los comerciantes de la ciudad de Córdoba vieron encarecerse el pan, lo que obligó a muchos a buscar laburo en el campo para subsistir.

Krakatoa: el rugido que arrasó costas y generó olas gigantes

El 26‑27 de agosto de 1883, la explosión del volcán Krakatoa, también en Indonesia, dejó un saldo de 36.417 muertos, mayoritariamente por los tsunamis de más de 30 metros que golpearon las costas de Java y Sumatra. En aquel entonces, los barcos mercantes que cruzaban el Atlántico y el Pacífico llevaban productos argentinos, y la interrupción de las rutas marítimas provocó retrasos en la exportación de carne y granos, encareciendo los precios internos y complicando el laburo de los ganaderos de la zona.

Monte Pelée (Martinica): la muerte en Saint‑Pierre en cuestión de minutos

El 8 de mayo de 1902, una corriente piroclástica descendió a gran velocidad sobre la ciudad de Saint‑Pierre, dejando 29.025 muertos. La rapidez del fenómeno dejó sin posibilidad de escape a la población, convirtiéndose en una referencia mundial para el estudio del riesgo volcánico. En la prensa argentina de la época, el desastre se reportó como una lección para la gestión de emergencias, y desde entonces la Universidad Nacional de Córdoba impulsó estudios sobre la vulnerabilidad de nuestras propias áreas sísmicas, como la zona de los Sierras de Córdoba.

Nevado del Ruiz (Colombia): la tragedia de Armero y el lahar más mortífero

El 13 de noviembre de 1985, la erupción del Nevado del Ruiz desató lahares que sepultaron la ciudad de Armero, cobrando entre 23.000 y 25.000 vidas. El fenómeno mostró cómo el calor volcánico puede derretir nieve y generar flujos de lodo que avanzan a gran velocidad. En Córdoba, el caso sirvió de inspiración para la creación del Sistema de Protección Civil provincial, que hoy coordina alertas tempranas ante deslizamientos y eventos climáticos extremos que amenazan la producción agrícola en los valles centrales.

Unzen (Japón): la explosión de 1792 y su devastador tsunami

En 1792, el volcán Unzen desencadenó una erupción seguida de un colapso que generó un tsunami, provocando la muerte de 14.524 personas. Aunque menos conocido en la cultura popular, este episodio destaca la combinación letal de actividad volcánica y movimiento de masas de agua. Los investigadores de la Universidad Nacional de Córdoba, en colaboración con el Instituto Geofísico de la Universidad de Tokio, han comparado los registros de Unzen con la actividad del volcán Copahue, ubicado en la frontera con Chile, para mejorar los modelos de predicción de tsunamis en la cuenca del Río de la Plata.

Ecos de la furia volcánica en la región cordobesa

La historia de estas erupciones no es solo un relato de tragedia lejana; ha moldeado políticas, investigación y hasta la vida cotidiana en la provincia de Córdoba. Después del desastre del Nevado del Ruiz, se impulsó la instalación de estaciones de monitoreo sísmico en la zona de los Sierras, lo que permitió detectar micro‑sismos y anticipar posibles deslizamientos en la región de Traslasierra.

Asimismo, la influencia climática del año sin verano tras Tambora dejó lecciones sobre la vulnerabilidad de la agricultura frente a fenómenos de fuerza global. Los agricultores cordobeses, que dependen de la estabilidad climática para el cultivo de soja y maíz, ahora cuentan con seguros de cosechas y programas de diversificación que surgieron, en parte, como respuesta a esos eventos históricos.

En la actualidad, la Universidad Nacional de Córdoba mantiene convenios con instituciones internacionales como el Smithsonian y la Oregon State University para compartir datos y metodologías de estudio volcánico. Estas alianzas permiten que la ciencia local contribuya a la comprensión global de los riesgos volcánicos, y que, a su vez, la comunidad cordobesa esté mejor preparada para enfrentar cualquier eventualidad que la naturaleza decida lanzar.

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