Migraña y ejercicio: el dilema que puede convertirse en tu mejor aliado
El deporte, enemigo y salvavidas de quienes sufren migrañas, según la ciencia reciente.

Migraña y ejercicio: el dilema que puede convertirse en tu mejor aliado
Lead: Las migrañas son una de las principales causas de discapacidad a nivel mundial y, aunque el deporte parece el enemigo que las desencadena, la ciencia muestra que una dosis adecuada de actividad física puede ser la clave para reducir su frecuencia y su intensidad, incluso en la población cordobesa.

¿Por qué la migraña y el deporte se llevan mal?
Para quien padece migraña, subir una cuesta o terminar una clase de spinning puede terminar en una crisis fulminante. No se trata de falta de voluntad; el cuerpo está reaccionando a un desencadenante biológico. Un estudio de 2013 realizado en una clínica especializada reveló que el 38 % de los pacientes había experimentado al menos una crisis provocada directamente por el ejercicio, lo que llevó a más de la mitad a abandonar la práctica deportiva por completo.
El culpable es el neuropéptido llamado CGRP (péptido relacionado con el gen de la calcitonina), que se libera en grandes cantidades durante el esfuerzo físico intenso y actúa como un villano en la fisiopatología de la migraña. A esto se suman factores típicos del deporte mal planificado: calentamiento insuficiente, descanso inadecuado y sobreentrenamiento. El resultado es un ciclo “boom‑and‑bust” que aterroriza a los pacientes y los hace temer a la pista de running del Parque Sarmiento o al gimnasio del barrio Güemes.
La ciencia revela una dosis “justa” de ejercicio
Un grupo de investigadores de la Universidad de Valencia analizó 15 estudios con 253 participantes y descubrió que los beneficios del ejercicio siguen una curva en forma de “U”. En otras palabras, ni mucho menos ni mucho más es lo ideal. La recomendación preliminar que surge de esa revisión es clara: tres sesiones semanales de 30 minutos cada una, a una intensidad del 50‑70 % del VO₂máx, durante 10‑11 semanas.
Con esa pauta, el efecto máximo sobre la reducción de la intensidad del dolor aparece alrededor de los 900 minutos acumulados, mientras que la frecuencia de las crisis disminuye notablemente al llegar a los 950 minutos. Traducido a la realidad cordobesa, son aproximadamente 30 minutos de caminata ligera por la Costanera o una ronda de bicicleta estática en la casa de la tía, tres veces por semana, durante tres meses.
Ejercicio vs medicación: ¿quién gana?
En 2011 se llevó a cabo un ensayo clínico con 91 pacientes que dividió a los participantes en tres grupos: uno que hacía ejercicio 40 minutos tres veces por semana, otro que recibía un fármaco preventivo de última generación y un grupo control que solo seguía su rutina habitual. Los resultados fueron sorprendentes: el grupo de ejercicio redujo la cantidad de crisis en un promedio de una al mes, cifra idéntica a la obtenida con el fármaco.
Si bien la reducción puede parecer modesta, lo relevante es que el ejercicio no genera los efectos secundarios típicos de los medicamentos (somnolencia, aumento de peso, náuseas). Para muchos cordobeses que ya cargan con el peso del laburo y la vida familiar, esa alternativa sin receta puede resultar mucho más atractiva.
Qué tipo de actividad conviene más
Los últimos datos publicados en 2025 indican que la combinación de entrenamiento aeróbico y anaeróbico es la más eficaz. Entre 70 y 135 minutos semanales de ejercicio moderado, repartidos en sesiones de 30‑45 minutos, logran la mejor respuesta. En la práctica, una mezcla de jogging suave en la pista del Club Atlético Talleres y una rutina de fuerza con bandas elásticas en la sala de estar pueden ser la combinación ganadora.
Es importante que el plan incluya una fase de calentamiento progresivo (5‑10 minutos de estiramiento dinámico) y una fase de enfriamiento para evitar la sobrecarga del sistema nervioso. En Córdoba, los centros de actividad física como el Polideportivo Municipal de Alta Gracia ya ofrecen clases específicas para personas con problemas crónicos, lo que facilita la incorporación de la rutina sin miedo a una crisis.
Raíces de la relación entre actividad física y dolor de cabeza
El vínculo entre ejercicio y migraña no es nuevo. Ya en los años 80, los neurólogos describían casos de deportistas que experimentaban cefaleas tensionales tras entrenamientos intensos. Con el advenimiento de la neuroimagen, se confirmó que el aumento del flujo sanguíneo cerebral y la liberación de CGRP son los principales desencadenantes.
En la provincia de Córdoba, la prevalencia de migraña es similar a la nacional: alrededor del 12 % de la población adulta la sufre, y la mayoría son mujeres entre 15 y 49 años. Esta franja etaria coincide con la población más activa en gimnasios y clubes deportivos, lo que hace que el problema sea particularmente relevante para la comunidad local.
Hoy, la investigación se enfoca en personalizar la dosis de ejercicio según el perfil genético y el nivel de sensibilidad al CGRP. En el futuro, podríamos ver planes de entrenamiento “a la medida” recetados por neurólogos cordobeses, integrados con terapias farmacológicas y técnicas de manejo del estrés, como la meditación en los cerros de la Sierras.
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