NASA y la misión Otter: la nueva jugada contra la basura espacial que impacta también a la industria cordobesa
La misión SSPICY de la NASA busca, con tecnología autónoma, inspeccionar basura espacial y abrir puertas al sector aeroespacial cordobés.

Una nave espacial financiada por la NASA se prepara para acercarse, a inicios de 2027, a hasta cuatro satélites fuera de servicio y a restos de cohetes en órbita baja. La misión, denominada SSPICY (Small Spacecraft Propulsion and Inspection Capability), no tiene como objetivo retirar los objetos, sino inspeccionarlos y recopilar datos que sirvan para futuras reparaciones y, a la larga, para limpiar la zona orbital que tanto afecta a la conectividad y a los proyectos espaciales de la región.
La nave Otter y la prueba de concepto
El 1 de octubre de 2026, la nave Otter 24C despegó desde la Base de la Fuerza Espacial Vandenberg, en California. Construida y operada por la empresa Starfish Space, Otter está diseñada para operar de forma casi autónoma, guiándose con sensores de visión artificial y un software de navegación que le permite acercarse a objetivos a distancia de cientos de metros sin tocar nada. Durante la fase de prueba, la nave observará la rotación, la orientación y el estado de la superficie de satélites y etapas de cohetes, recopilando información que luego será analizada por equipos en tierra con una participación muy limitada.
Tecnología autónoma: visión artificial y propulsión eléctrica
Otter combina un sistema de propulsión eléctrica de alta precisión con un brazo robótico móvil que orienta los propulsores según los datos que la cámara y los sensores le entregan en tiempo real. Esta combinación permite que la nave realice maniobras de cambio de órbita y de aproximación con una exactitud que nunca se había probado junta en una misma nave. El objetivo es validar si, con poca intervención humana, una nave puede inspeccionar y eventualmente atender desechos orbitales, abriendo la puerta a futuras misiones de captura o de descenso controlado a la atmósfera.
Riesgos de la basura espacial y su eco en Córdoba
La velocidad de los objetos en la órbita terrestre baja supera los 29.000 km/h, casi siete veces la de una bala. Cada año se lanzan miles de satélites para telecomunicaciones, pronósticos y navegación, muchos de los cuales terminan como chatarra que choca entre sí y genera fragmentos de todo tamaño. Este caos orbital representa una amenaza directa para los satélites de observación y comunicación que utilizan empresas argentinas, como la recién creada Satélite Córdoba, y para los proyectos de investigación de la Universidad Nacional de Córdoba que dependen de datos de teledetección. Un choque con basura espacial puede inutilizar equipos costosos y retrasar investigaciones que benefician a la agroindustria cordobesa.
Un vistazo al futuro de la gestión orbital
Si las tecnologías probadas por Otter demuestran su eficacia, la NASA y sus socios internacionales podrían lanzar misiones de captura activa, donde brazos robóticos o redes especiales atrapen los restos y los lleven a una zona de reentrada controlada. Para la industria argentina, esto abriría oportunidades de participación en contratos de suministro de componentes, software de navegación o incluso la construcción de plataformas de desorbitación en tierra. Además, la reducción de la basura espacial favorecería la expansión de constelaciones de satélites de bajo costo que están siendo estudiadas por startups de la zona norte de Córdoba, lo que impulsaría empleos y laburo técnico local.
Raíces de la lucha contra la basura espacial
Desde 1979, la NASA mantiene el Programa de Desechos Orbitales dentro del Centro Espacial Johnson, en Houston, Texas. Ese programa se encarga de desarrollar tecnologías de seguimiento y retirada de residuos, pero también de promover la cooperación internacional para que cada país asuma su parte de la responsabilidad. En la década de los 2000, la comunidad científica argentina empezó a involucrarse en foros sobre sostenibilidad orbital, y en 2015 la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) firmó acuerdos con la NASA para compartir datos de rastreo.
Hoy, la misión SSPICY representa un paso más en esa larga travesía. La colaboración con empresas como Starfish Space, que recibió subvenciones del Programa de Investigación e Innovación para Pequeñas Empresas de la NASA, muestra cómo la innovación de la talla de una startup puede influir en la política espacial global. Para Córdoba, la clave está en seguir alimentando la cadena de valor local, desde la fabricación de componentes electrónicos hasta el desarrollo de algoritmos de visión artificial, de modo que la provincia pueda ser parte activa de la solución y no solo un espectador.
En los próximos años, la combinación de regulaciones internacionales más estrictas, avances tecnológicos como los de Otter y la creciente demanda de servicios satelitales en la región, podrían convertir a la Argentina y a Córdoba en un hub de gestión de desechos orbitales, generando empleo y posicionando al país como referente en la preservación del espacio cercano a la Tierra.
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