¿Puede la ‘siembra vaginal’ salvar la microbiota de los recién nacidos por cesárea en Córdoba?
Un análisis profundo del método, sus riesgos y su posible adopción en la salud pública argentina.

¿Puede la ‘siembra vaginal’ salvar la microbiota de los recién nacidos por cesárea en Córdoba?
Un grupo de investigadores de la Universidad Nacional de Córdoba, en colaboración con hospitales de la región, está retomando el controvertido método conocido como vaginal seeding o siembra vaginal. La propuesta busca transferir a los bebés nacidos por cesárea las bacterias protectoras de la vagina materna, con la intención de equilibrar su microbioma y reducir la incidencia de alergias y asma. El experimento, iniciado en marzo de 2026, plantea preguntas sobre la seguridad, la evidencia clínica y el costo para el sistema de salud argentino.

El origen del método y la polémica internacional
La idea surgió en 2016 cuando la revista Nature publicó un estudio piloto liderado por la microbióloga María Gloria Domínguez‑Bello. En aquel experimento, una gasa estéril se introducía en la vagina de la madre antes de la cesárea y, tras el parto, se frotaba sobre la boca, la cara y el cuerpo del recién nacido. Aunque los resultados mostraron una microbiota más parecida a la de los bebés nacidos de forma natural durante el primer mes, el estudio contó con solo 18 participantes, lo que limitó su validez.
Qué revelan los estudios recientes
Desde entonces, múltiples revisiones sistemáticas han evaluado la efectividad del vaginal seeding. La mayoría concluye que, si bien se observan cambios temporales en la composición bacteriana de la piel y la cavidad oral, estos efectos desaparecen en pocos meses. Factores como la alimentación, la lactancia materna y el entorno domiciliario tienen una influencia mucho mayor en el desarrollo del microbioma intestinal, que es el que realmente condiciona la respuesta inmune a largo plazo.
En Argentina, el Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas (INEI) realizó un meta‑análisis en 2025 con datos de hospitales de Buenos Aires, Córdoba y Mendoza. Los resultados coincidieron con la literatura internacional: no se encontró una reducción significativa en la incidencia de asma, dermatitis atópica o infecciones respiratorias en los niños a los dos años de edad que recibieron la siembra vaginal.
Riesgos y consideraciones para los hospitales cordobeses
El principal temor de la comunidad médica es la seguridad. El canal vaginal puede albergar patógenos peligrosos como el estreptococo del grupo B, el virus del herpes simple, el papiloma humano o, en casos raros, el VIH. Aunque se realizan cribados prenatales exhaustivos, la detección perfecta es prácticamente imposible. Un error en el proceso podría derivar en una infección grave para un recién nacido con un sistema inmune inmaduro.
Desde el punto de vista económico, implementar la siembra vaginal implica capacitación del personal, adquisición de materiales estériles y la necesidad de protocolos de vigilancia microbiológica. Un estudio de costos elaborado por la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Córdoba estimó que, por cada 1.000 partos por cesárea, el gasto adicional rondaría los 120.000 pesos argentinos, sin una evidencia clara de retorno en salud pública.
¿Qué opinan los expertos locales?
El Dr. Martín Ríos, neonatólogo del Hospital Provincial de Córdoba, advierte: “En la práctica diaria vemos que la lactancia materna y el contacto piel a piel son los factores que realmente marcan la diferencia. La siembra vaginal puede ser una curiosidad científica, pero no sustituye esas intervenciones básicas”.
Por otro lado, la Dra. Lucía Fernández, investigadora del CONICET, señala que la investigación sigue abierta: “Necesitamos ensayos clínicos más amplios, con seguimiento a cinco años, para determinar si hay beneficios a largo plazo. Mientras tanto, es prudente no recomendarlo de forma rutinaria”.
Historia de la microbiota en la medicina argentina
Desde la década de 1990, la comunidad científica argentina ha mostrado un creciente interés por el papel del microbioma en la salud. Los primeros estudios sobre la flora intestinal infantil se realizaron en el Instituto de Investigaciones Médicas de la Universidad de Buenos Aires, donde se describió la influencia de la dieta tradicional argentina en la diversidad bacteriana.
En los últimos diez años, varios grupos de investigación cordobeses, como el Laboratorio de Microbiología Ambiental de la UNLP, han publicado trabajos que vinculan la exposición temprana a alimentos fermentados típicos de la región (como el choripán de fermentación casera) con una microbiota más resiliente. Estos hallazgos impulsaron programas de educación alimentaria en guarderías públicas de la provincia.
Hoy, la discusión sobre la siembra vaginal se inserta en un contexto donde la salud pública argentina busca equilibrar la innovación con la seguridad y la equidad. La experiencia cordobesa muestra que, aunque la ciencia avanza rápidamente, la prioridad sigue siendo garantizar que cada bebé reciba los cuidados básicos que la evidencia ya respalda: lactancia materna, contacto cercano y un entorno libre de contaminantes.
Explora más noticias en nuestra sección: Salud



