Córdoba

Violencia de género en la escuela Rosedal: la comunidad exige medidas tras el ataque con navaja a una estudiante

Una agresión con arma blanca reaviva el debate sobre protección y violencia de género en los colegios cordobeses.

Violencia de género en la escuela Rosedal: la comunidad exige medidas tras el ataque con navaja a una estudiante

Una tarde de abril de 2024, una estudiante de 18 años de la escuela secundaria Rosedal, ubicada en el barrio Rosedal de Córdoba, fue atacada con una navaja por su exnovio de 17 años. El agresor, que la había citado con una excusa falsa, la emboscó en los alrededores del plantel y le provocó varios cortes en manos y torso antes de huir. La víctima contaba con un botón antipánico y una orden de restricción, pero el agresor logró acercarse a la zona escolar pese a dichas medidas.

El ataque y la respuesta de la familia

Según el relato de Cintia, madre de la joven, su hija había sido engañada con la promesa de encontrarse con otro compañero. Al llegar al punto acordado, el exnovio la atacó con una navaja, dejándola con lesiones que requirieron atención médica inmediata. La familia informó que el agresor ya había mostrado actitudes violentas y de control, razón por la cual la adolescente había decidido terminar la relación meses atrás.

El caso cobró mayor relevancia porque la víctima ya había solicitado protección judicial: disponía de un botón de auxilio y una orden que prohibía al agresor acercarse. Sin embargo, la agresión se produjo fuera del horario lectivo y fuera del edificio, lo que evidenció lagunas en la efectividad de esas medidas cuando el agresor y la víctima comparten el mismo entorno escolar.

Manifestación de padres y alumnos

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Al conocerse el hecho, estudiantes de quinto y sexto año, acompañados por familiares, se congregaron frente a la entrada de la institución para exigir que el agresor no vuelva a pisar el plantel. Con pancartas y consignas, la comunidad reclamó la expulsión del joven y la garantía de seguridad para la víctima.

Los padres manifestaron que la presencia física del agresor, aun en modalidad virtual, generaba una constante amenaza psicológica. “No queremos que nuestra hija tenga que temer cada vez que suena el timbre”, declaró una madre que prefirió permanecer anónima. La protesta también sirvió para visibilizar la necesidad de protocolos claros ante casos de violencia de género en entornos educativos.

Decisiones de la Dirección y la continuidad virtual del agresor

Frente a la presión, la inspectora de la zona intervino y, en coordinación con la dirección del colegio, dictó que el adolescente no podrá asistir presencialmente a clases. Sin embargo, se le permitirá seguir el año lectivo mediante la modalidad virtual, con el objetivo de que concluya el ciclo de quinto año sin interrumpir su trayectoria académica.

Esta medida generó debate entre docentes y psicólogos escolares: mientras algunos la consideran una solución pragmática, otros la ven como una forma de “normalizar” la presencia del agresor en la comunidad, aunque sea a distancia. La autoridad educativa aseguró que se acompañará al joven con orientación psicológica para evitar futuros incidentes.

Impacto en la lucha contra la violencia de género en Córdoba

El caso reavivó el debate sobre la efectividad de las medidas de protección judicial en contextos donde víctimas y agresores conviven diariamente, como ocurre en los colegios. Organizaciones locales como la Red de Mujeres de Córdoba y el Observatorio de Violencia de Género han pedido que se revisen los protocolos de seguridad y que se implementen programas de prevención específicos para adolescentes.

Además, el episodio puso en relieve la necesidad de capacitación docente para identificar señales de violencia y actuar con celeridad. Según datos del Ministerio de Educación de la Provincia, en 2023 se registraron 312 casos de violencia de género en centros escolares, una cifra que ha ido en aumento y que exige respuestas institucionales más contundentes.

De la legislación a la realidad: cómo la violencia de género se manifiesta en los colegios cordobeses

En Argentina, la Ley 26.485 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres establece la obligatoriedad de planes de prevención en todos los establecimientos educativos. Sin embargo, la puesta en práctica varía según la zona y la voluntad de las autoridades locales.

En Córdoba, varios municipios han adoptado protocolos de acompañamiento psicológico y de alerta temprana, pero la falta de recursos y la escasa coordinación entre la justicia y la educación dificultan su efectividad. El caso de la escuela Rosedal evidencia que, aun con órdenes de restricción, la proximidad física entre víctima y agresor puede vulnerar la seguridad de la joven.

Expertos en género coinciden en que la prevención debe ir más allá de sanciones y órdenes judiciales; es necesario crear entornos seguros donde se promueva la educación afectiva, la gestión de emociones y el respeto mutuo. Programas de mediación y talleres de prevención, ya implementados en algunos colegios de la zona norte de la ciudad, han mostrado resultados positivos al disminuir actitudes machistas y conductas violentas entre adolescentes.

Mientras tanto, la comunidad de Rosedal sigue atenta. La víctima continúa su recuperación acompañada por familiares y compañeros, y la escuela ha anunciado la instalación de cámaras de seguridad en los accesos y la revisión de los horarios de salida para evitar encuentros no deseados. El caso queda como un llamado de atención para que las instituciones educativas y judiciales trabajen de la mano y garanticen una protección real a quienes sufren violencia de género.

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