Bessent llama al FMI a frenar las políticas distorsionadoras que favorecen a China
Bessent llama al FMI a frenar las políticas distorsionadoras que favorecen a China
Bangkok, 15 de octubre de 2026 – El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, envió un comunicado a los comités directivos del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial instándolos a denunciar las políticas distorsionadoras de economías que no siguen las reglas del mercado. Aunque el mensaje no menciona a China de forma explícita, la referencia a una “economía que depende de exportaciones baratas” apunta directamente a la segunda potencia mundial, cuyas prácticas, según Bessent, están generando desequilibrios crecientes y amenazan la estabilidad financiera global.
Un llamado a la acción desde Bangkok
Durante la reunión anual del FMI y del Banco Mundial en Bangkok, Bessent, que no asistió personalmente al evento, delegó a su adjunto para presentar el comunicado. En él, el secretario del Tesoro subrayó que los responsables de política económica alrededor del planeta están “manteniendo debates difíciles” para sostener sistemas basados en el mercado frente a medidas que, a su juicio, “alteran la competencia y perjudican el empleo”. El FMI, fundado para prevenir exactamente ese tipo de distorsiones, según Bessent, debe “alzar la voz” o arriesgarse a quedar relegado a un segundo plano.
El discurso de Bessent se enmarca dentro de una serie de declaraciones que el funcionario ha realizado en los últimos meses, señalando que Pekín mantiene una estrategia exportadora que mantiene a la economía china dependiente de la venta de bienes a precios bajos, mientras frena la demanda interna. En septiembre, durante la cumbre del G20, 19 de los 20 países firmaron una declaración impulsada por EE. UU. que calificó como “insostenible” el flujo constante de exportaciones baratas de economías que no siguen reglas de mercado, una postura que China se negó a respaldar, impidiendo un consenso pleno.
Impactos concretos para la estabilidad financiera mundial
El secretario del Tesoro recordó que, según los últimos datos, las exportaciones chinas repuntaron en septiembre, encaminándose a superar el récord de 1,2 billones de dólares de superávit comercial registrado el año pasado. Este crecimiento, aunque celebrable para Pekín, genera presiones sobre los tipos de cambio y los flujos de capital que pueden desestabilizar economías emergentes y desarrolladas por igual. Bessent insistió en que el FMI debe “reforzar su análisis” sobre cómo los tipos de cambio manipulados y las políticas no‑mercado contribuyen a los desequilibrios externos.
En el mismo comunicado, Bessent pidió al Banco Mundial que fomente una mayor autosuficiencia en los países en desarrollo, incluso mediante la eliminación de restricciones a la financiación de proyectos de gas natural, petróleo y energía. La intención, según él, es reducir la dependencia de recursos importados y equilibrar la balanza comercial, un objetivo que contrasta con la estrategia exportadora de China.
Repercusiones para la economía argentina y cordobesa
Para Argentina, y en particular para la provincia de Córdoba, donde la industria manufacturera y agroalimentaria compite en los mercados internacionales, el discurso de Bessent tiene una resonancia directa. Las políticas que favorecen exportaciones a bajo costo pueden presionar los precios de commodities y productos intermedios que la región exporta, encareciendo la competencia y reduciendo márgenes de ganancia para los productores locales. Además, la posible intervención del FMI en la vigilancia de tipos de cambio y prácticas comerciales podría traducirse en una mayor presión sobre la política cambiaria argentina, que ya enfrenta desafíos de inflación y volatilidad.
Los empresarios cordobeses están atentos a cualquier señal de un cambio de postura del FMI, pues una mayor escrutinio a China podría abrir oportunidades para que los productos argentinos ganen mayor visibilidad en mercados que antes estaban saturados por bienes chinos de bajo costo. Al mismo tiempo, la presión para mejorar la autosuficiencia energética, como sugiere Bessent, podría impulsar inversiones en proyectos de gas y energía renovable en la región, generando empleo y dinamizando el laburo local.
Raíces históricas de la disputa comercial
La tensión entre economías que siguen reglas de mercado y aquellas que adoptan estrategias de exportación masiva no es nueva. Desde la década de 1990, el FMI y el Banco Mundial han sido críticos con los países que manipulan sus tipos de cambio para favorecer sus exportaciones, una práctica que en aquel entonces se acusó principalmente a China y a algunos países asiáticos emergentes. En aquel periodo, la crisis del “dólar asiático” de 1997‑1998 puso en evidencia los riesgos de desequilibrios externos y llevó a reformas estructurales en varios países.
En los últimos veinte años, China ha pasado de ser un simple exportador de bajo costo a convertirse en una potencia tecnológica y financiera. Sin embargo, la estrategia de mantener un superávit comercial elevado sigue siendo un punto de fricción con los organismos multilaterales y con economías que ven amenazada su competitividad. El FMI, bajo la presidencia de Kristalina Georgieva, ha intentado equilibrar la necesidad de apoyar el crecimiento global con la exigencia de reglas de juego justas, una tarea cada vez más compleja en un entorno de creciente proteccionismo.
Para Argentina, la historia muestra que los choques externos pueden desencadenar crisis internas si no se cuenta con políticas macroeconómicas robustas. La última década evidenció cómo la dependencia de exportaciones de commodities, combinada con fluctuaciones cambiarias, generó episodios de alta inflación y devaluación. La discusión actual sobre las políticas distorsionadoras, por tanto, no solo es una cuestión de geopolítica, sino también una advertencia para que los gobiernos regionales, como el de Córdoba, fortalezcan su capacidad productiva y diversifiquen sus mercados.
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