Canadá intensifica su alianza con la UE para frenar la dependencia de EE. UU. y abre nuevas oportunidades para la economía cordobesa
Canadá busca nuevos socios en la UE y abre puertas para la industria cordobesa.

El primer ministro canadiense Mark Carney ha iniciado una gira sin precedentes por Europa con la intención de estrechar los lazos comerciales y de seguridad con la Unión Europea (UE). La visita, que arranca en Estrasburgo y continúa por Bruselas y Liverpool, se produce en medio de la guerra comercial desatada por el expresidente estadounidense Donald Trump y la creciente necesidad de Ottawa de diversificar sus mercados.
Una visita histórica a Estrasburgo
Carney será el primer jefe de Gobierno canadiense en asistir al discurso sobre el “Estado de la Unión Europea” y, al día siguiente, pronunciará su propio mensaje ante el Parlamento Europeo. Según el eurodiputado alemán Tobias Cremer, este gesto constituye “un tremendo símbolo” del acercamiento entre Ottawa y Bruselas. Cremer subrayó que Canadá posee recursos que Europa escasea, como energía, tierras raras y minerales en bruto, lo que convierte al norteamericano en un socio estratégico para la política de suministro de la UE.
Objetivos económicos y de seguridad
La agenda de Carney incluye la firma de acuerdos que profundicen la cooperación en defensa – Canadá ya se incorporó al programa de adquisiciones de defensa de la UE – y la ampliación del Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA). Además, el primer ministro participó en gestiones para que Canadá pueda concursar en Eurovisión, una muestra de la intención de acercar también la cultura europea al público canadiense.
El próximo mes, Montreal será el escenario de una cumbre bilateral donde se discutirán los pilares de una “asociación económica y de seguridad mucho más fuerte y profunda”. Entre los temas pendientes están el comercio digital, la inteligencia artificial y la lucha contra el cambio climático, áreas en las que, según el eurodiputado español Javier Moreno Sánchez, ambos bloques comparten posiciones muy alineadas.
Repercusiones para Argentina y Córdoba
Para la Argentina, y en particular para la provincia de Córdoba, la reorientación canadiense tiene implicancias directas. Córdoba es un polo industrial de autopartes, agroquímicos y tecnología de energía renovable; sectores que pueden encontrar en el mercado europeo nuevas oportunidades de exportación y, al mismo tiempo, beneficiarse de la intermediación canadiense. Empresas cordobesas que ya exportan a EE. UU. (un 70 % del total canadiense) podrían diversificar sus destinos, reduciendo la vulnerabilidad ante posibles sanciones o barreras arancelarias.
Además, la iniciativa de Canadá de integrar a pequeñas y medianas empresas (PyMEs) en el marco del CETA abre una ventana para que los emprendedores cordobeses accedan a fondos de innovación y a redes de investigación conjuntas con centros europeos. El sector de la energía eólica, en el que Córdoba cuenta con parques piloto, podría beneficiarse de los recursos minerales que Canadá ofrece para la fabricación de turbinas y baterías.
Perspectivas y desafíos
Si bien el impulso es notable, la balanza comercial sigue muy inclinada hacia EE. UU.: en julio, el 70 % de las exportaciones canadienses se dirigieron a Estados Unidos, mientras que apenas un 5 % alcanzó a la UE. Esta disparidad obliga a que cualquier ampliación de la cooperación requiera inversiones en infraestructura logística y acuerdos de transporte más eficientes. Para Córdoba, la mejora de rutas marítimas y aéreas entre América del Norte y Europa podría traducirse en menores costos de exportación para sus industrias.
En el plano político, la idea de una posible adhesión de Canadá a la UE ha generado especulaciones, aunque expertos como Ignacio García Bercero del centro Bruegel la califican de poco realista por razones geográficas y normativas. Sin embargo, el hecho de que Canadá pueda operar con la UE sin ser miembro pleno, al estilo de Islandia o Suiza, abre la puerta a acuerdos sectoriales que beneficien a economías intermedias como la argentina.
Raíces de la cooperación transatlántica
La relación entre Canadá y la UE no es nueva; se remonta a la década de 1970 cuando ambos bloques iniciaron diálogos sobre comercio y derechos humanos. El CETA, firmado en 2016, fue el primer gran tratado de libre comercio que buscó equilibrar intereses entre Norteamérica y Europa, y aunque ha sido criticado por su lenta implementación, sigue siendo la columna vertebral de la cooperación actual.
En la década de 1990, Canadá participó en misiones de paz bajo el mando de la ONU en los Balcanes, lo que consolidó la confianza mutua en materia de seguridad. Hoy, la creciente presión de China y la incertidumbre en la política comercial de EE. UU. impulsan a Ottawa a buscar socios que le ofrezcan estabilidad y diversificación.
Para la provincia de Córdoba, este nuevo capítulo representa una oportunidad para posicionarse como puente entre los recursos de América del Sur y los mercados europeos, aprovechando la experiencia canadiense en negociaciones multilaterales y su capacidad logística. Si los gobiernos locales logran articular alianzas estratégicas con empresas canadienses, el impacto podría traducirse en cientos de empleos nuevos y en una mayor inserción de la producción cordobesa en cadenas de valor globales.
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