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La pugna EE‑UU‑China por la ONU complica la candidatura argentina a la Secretaría General

La disputa geopolítica entre Washington y Pekín pone en jaque la aspiración de Rafael Grossi a la cúpula de la ONU

La pugna EE‑UU‑China por la ONU complica la candidatura argentina a la Secretaría General

Lead: La disputa entre Estados Unidos y China por el próximo secretario general de la ONU está frenando la candidatura del argentino Rafael Grossi, mientras Washington y Pekín juegan al veto en el Consejo de Seguridad, una jugada que podría repercutir en la política exterior de Córdoba y en los intereses económicos del país.

El tablero de poder en el Consejo de Seguridad

Según la Carta de la ONU, el secretario general se elige en una votación del Consejo de Seguridad, donde los cinco miembros permanentes – EE.UU., China, Rusia, Reino Unido y Francia– poseen derecho de veto. En la práctica, el candidato necesita el consenso de los cinco, aunque no se requiere una mayoría de votos a favor, basta con que ninguno ejerza veto. La actual fragmentación global convierte este consenso en una verdadera lotería diplomática.

Washington, bajo la administración de Donald Trump, ha mostrado una postura hostil hacia cualquier iniciativa que perciba como una ventaja para Pekín. Al mismo tiempo, China, aliada de Rusia, busca consolidar su influencia multilateral nombrando a una figura que comparta su visión del orden internacional. Esta dinámica ha convertido la selección del sucesor de Antonio Guterres en un verdadero “cónclave abierto”, donde cada movimiento se mide en términos de ventajas estratégicas y económicas.

Rafael Grossi, la esperanza argentina y los tropiezos en Londres

El argentino Rafael Grossi, director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), había ganado un buen número de apoyos, incluido el de la Casa Blanca, que inicialmente respaldó su candidatura. Sin embargo, la posición de Londres se complicó tras la reciente declaración de Trump que mostró simpatía por la postura argentina sobre las Islas Malvinas. El Reino Unido teme que, desde la cúpula de la ONU, Grossi pueda impulsar una agenda que favorezca la reivindicación argentina de las islas, aunque el propio Grossi ha dejado claro que su mandato se regirá por la neutralidad multilateral.

Esta incertidumbre ha llevado a que Francia y el Reino Unido, que hasta hace pocos días apoyaban a Grossi, reconsideren su voto. La presión de Trump sobre sus aliados europeos para que alineen su postura con la de Washington ha generado una grieta que pone en jaque la candidatura argentina.

Las mujeres y la representación latinoamericana en la contienda

En paralelo, la resolución firmada por los países del bloque BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) ha subrayado la ausencia histórica de mujeres y de representantes latinoamericanos en la Secretaría General. El documento destaca que nunca se ha elegido a una mujer y que sólo una persona de América Latina y el Caribe ha ocupado el cargo. Este llamado ha impulsado a cinco candidatas a presentarse: Carolyn Rodrigues‑Birkett, Rebeca Grynspan, María Fernanda Espinosa, Ivonne A‑Baki y Michelle Bachelet.

En las dos primeras votaciones informales (straw polls) del Consejo, Rodrigues‑Birkett y Grynspan se alternaron en el primer puesto, mientras que las otras candidatas quedaron rezagadas. China y Rusia se sienten cómodos con Grynspan, actual secretaria general de la UNCTAD, lo que complica aún más la balanza para Grossi, cuyo perfil técnico en energía nuclear contrasta con la agenda económica y de desarrollo que prefieren los países del bloque.

¿Qué significa la disputa para Córdoba y para la Argentina?

Para la provincia de Córdoba, la posible designación de Grossi tendría un impacto directo en la agenda de investigación y desarrollo tecnológico. La Universidad Nacional de Córdoba y los centros de investigación locales podrían recibir mayor visibilidad y fondos internacionales para proyectos de energía nuclear y seguridad radiológica. Además, la presencia de un argentino al frente de la ONU abriría puertas a acuerdos multilaterales que beneficien a la industria agropecuaria cordobesa, al sector de exportación de soja y al creciente parque de energías renovables.

En el plano económico, la incertidumbre sobre la designación del secretario general genera volatilidad en los mercados de bonos soberanos y en la percepción de riesgo país. Los inversionistas siguen de cerca los movimientos de la Casa Blanca y la política de sanciones de EE.UU. contra Irán, ya que cualquier escalada podría repercutir en los flujos de capital hacia la región.

El escenario a corto plazo y los próximos pasos

El 24 de septiembre, Trump recibirá a Xi en la Casa Blanca, una cumbre que se perfila como decisiva para la elección del sucesor de Guterres. Si ambos líderes no logran un acuerdo, la designación podría dilatarse indefinidamente, obligando a la ONU a convocar nuevas rondas de straw polls y, potencialmente, a abrir la puerta a una prórroga del mandato de Guterres, algo que la administración estadounidense ha descartado rotundamente.

Mientras tanto, la comunidad diplomática argentina trabaja para mantener viva la candidatura de Grossi, resaltando su experiencia internacional y su compromiso con la no proliferación nuclear, un tema que sigue siendo prioritario en la agenda global.

Raíces históricas de la participación argentina en la ONU

Argentina fue uno de los países fundadores de la Organización de las Naciones Unidas en 1945 y ha mantenido una activa participación en sus organismos. Desde la firma del Tratado de San Luis en 1955, el país ha buscado posicionarse como mediador en conflictos internacionales, destacándose en misiones de paz en Haití y en la defensa de la descolonización.

En los últimos años, la diplomacia argentina ha impulsado la agenda de la energía nuclear pacífica, liderada por figuras como el propio Rafael Grossi, quien dirigió el OIEA durante la crisis de Irán y la pandemia de COVID‑19. Su gestión le valió el reconocimiento internacional y consolidó la reputación de Argentina como referente en la materia.

La posible designación de un argentino como secretario general representaría un hito histórico para la región latinoamericana, reforzando la influencia del Cono Sur en la toma de decisiones globales y ofreciendo una plataforma para promover los intereses de los países del Mercosur en foros multilaterales.

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