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Cuba en la encrucijada: el dólar rompe la barrera de los 800 CUP y un incendio deja al 75 % de la isla a oscuras

Cuba en la encrucijada: el dólar rompe la barrera de los 800 CUP y un incendio deja al 75 % de la isla a oscuras

La isla caribeña vivió este viernes dos golpes duros y simultáneos: el dólar estadounidense alcanzó los 800 pesos cubanos (CUP) en el mercado informal, y un incendio de grandes proporciones en la central termoeléctrica Ernesto Guevara de la Serna dejó sin energía al 75,5 % de la población durante la hora pico. Ambos hechos se suman a una crisis estructural que combina una devaluación acelerada, una inflación desbocada y un colapso del sistema eléctrico nacional.

El dólar se dispara y la gente siente el golpe en la billetera

Según el medio independiente El Toque, la tasa informal llegó a 800 CUP por dólar, superando los 750 CUP que se registraron el 28 de septiembre. En el mismo informe el euro cotizó en 890 CUP. La brecha con el tipo de cambio oficial, fijado por el Banco Central de Cuba (BCC) en 696 CUP para el segmento III (personas naturales), se amplía y obliga a la mayor parte de la población a operar en el mercado negro para cualquier compra importante.

Este salto de dos pesos respecto al día anterior parece pequeño, pero en una economía donde el salario promedio ronda los 30 USD mensuales, el impacto es enorme. Los cubanos ahora gastan más en alimentos, medicinas y transporte, y el “laburo” informal –que ya era la tabla de salvación para muchos– se vuelve aún más precario. La inflación oficial en septiembre subió al 28,44 % interanual, y los expertos advierten que en el mercado informal la cifra podría rozar los tres dígitos.

El incendio que dejó a la isla a oscuras

Alrededor de las 06:55 hora local (10:55 GMT) se desató un incendio en la unidad 1 de la central termoeléctrica Ernesto Guevara de la Serna, ubicada en Santa Cruz del Norte, provincia de Mayabeque, a unos 50 km de La Habana. La Unión Eléctrica (UNE) confirmó que la máquina quedó fuera de línea y que el siniestro obligó a desconectar preventivamente 2 190 MW, lo que representa el 75,5 % de la demanda máxima del país en horario pico.

Con solo 740 MW disponibles frente a una demanda que supera los 2 900 MW, la isla entró en una situación de “apagón controlado” que se tradujo en cortes de energía que duraron entre 20 y 30 horas en varias provincias. En el día de hoy, ocho unidades termoeléctricas adicionales estaban fuera de servicio por mantenimientos o averías, lo que evidencia la fragilidad de una infraestructura mayormente construida en los años 60 y 70.

Impacto en la vida cotidiana de los cubanos y la reacción del gobierno

Para los habitantes de La Habana, Santiago de Cuba y los pueblos del interior, la falta de luz significa que los refrigeradores dejan de conservar alimentos, los hospitales operan con generadores de reserva y los estudiantes no pueden estudiar en la noche. En la medida en que la electricidad se vuelve un bien escaso, la economía informal se vuelve aún más “complicada”, y la población recurre a velas, generadores improvisados y a la compra de energía en el mercado negro.

El Ministerio del Interior, a través de sus redes sociales, informó que se detuvieron todas las operaciones de la central por precaución y que se iniciará una evaluación de los daños. Mientras tanto, el gobierno cubano sigue promocionando su programa de parques solares y otras energías renovables, pero la capacidad instalada sigue siendo insuficiente para cubrir la brecha que deja el modelo termoeléctrico envejecido.

Una crisis que se alimenta de sanciones y falta de inversión

Desde 2020 hasta 2025 la economía cubana perdió cerca del 15 % del PIB, y se estima que este año cerrará con una contracción del 10,3 %. El embargo petrolero impuesto por Estados Unidos a partir de enero de 2026, sumado a sanciones secundarias, ha encarecido los combustibles y dificultado la importación de repuestos para las centrales. La ONU ha calificado estas medidas como contrarias al derecho internacional, pero la presión sigue en aumento.

La combinación de una devaluación monetaria acelerada, inflación desbordada y una red eléctrica que ya no soporta la demanda convierte a Cuba en una “movida” de alto riesgo para cualquier inversor o emprendedor que considere operar allí. Las empresas locales, desde pequeños talleres hasta los pocos comercios que aún venden en divisas, se ven obligados a frenar la expansión y a buscar alternativas de supervivencia.

Raíces históricas de la dependencia energética y monetaria

Desde la Revolución de 1959, Cuba ha dependido en gran medida del petróleo soviético y, luego, de los subsidios estadounidenses que se mantuvieron hasta el fin de la Guerra Fría. La reforma cambiaria de 2021, conocida como “Tarea Ordenamiento”, intentó crear un sistema de tipos de cambio múltiples, pero no logró eliminar la dualidad monetaria ni estabilizar la economía. La falta de inversión en infraestructura eléctrica se remonta a los años 80, cuando la caída de la Unión Soviética dejó a la isla sin recursos para renovar sus centrales.

En las últimas décadas, el sector energético cubano se ha mantenido estancado, con una capacidad instalada que apenas cubre el 40 % del consumo de combustible necesario para la actividad productiva. La apuesta actual por la energía solar y eólica busca diversificar la matriz, pero la falta de capital y la escasez de tecnología hacen que los proyectos avancen a paso de tortuga.

El contexto histórico muestra que la crisis actual no es un accidente aislado, sino la culminación de décadas de políticas económicas restrictivas, sanciones internacionales y una infraestructura obsoleta que necesita una profunda reestructuración. Sin una solución integral que incluya la modernización del sistema eléctrico, la liberalización cambiaria y la apertura a inversiones extranjeras, la isla seguirá navegando en una tormenta que se vuelve cada vez más difícil de frenar.

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