El poncho que llevará Córdoba al Papa: la historia de un artesano de Pocho
El gobernador de Córdoba elige el poncho de un artesano de Pocho como obsequio papal, un símbolo de tradición y orgullo local.
El poncho que llevará Córdoba al Papa: la historia de un artesano de Pocho
En el corazón del noroeste cordobés, donde el sol tiñe de naranja las montañas y el aire lleva el aroma de la tierra, un joven tejedor llamado Erick Rojas ha tejido un puente entre la tradición local y la visita de la máxima autoridad de la Iglesia católica. El gobernador Martín Llaryora, al conocer al artesano en Villa de Pocho, quedó cautivado por la riqueza de colores y el simbolismo de cada hilo, y decidió que ese mismo poncho sería el regalo que la provincia entregará al Papa León XIV.
El encuentro que cambió el rumbo
Junio pasado, durante una visita de Llaryora a Villa de Pocho, el gobernador se detuvo frente a una pequeña casona de adobe. Allí, Erick Rojas, representante de la Comunidad Indígena La Unión y del paraje Santa Teresita, le ofreció un poncho confeccionado con la lana de ovejas criadas en los cerros cercanos. No era un simple atuendo; era un lienzo de la identidad cordobesa, donde cada punto narraba la historia de la región.
“Este poncho no es solo tela, es la esencia de Pocho, el reflejo de nuestros cerros y de la memoria que llevamos en cada fibra”, explicó Rojas con la pasión que caracterizan a los artesanos de la zona.
La tradición que se vuelve obsequio
Cuando se confirmó la visita del Papa, el gobernador recordó aquel momento y sintió que el presente debía ser tan auténtico como el propio cordobés. Erick volvió al despacho del Centro Cívico del Bicentenario en julio, donde juntos trazaron los detalles del poncho que representará a la provincia frente al Santo Padre.
El proceso de elaboración es laborioso y se remonta a generaciones. Primero, la lana se recoge de las ovejas que pastan en los cerros de Pocho y San Alberto. Luego, se limpia y se hila a mano, antes de sumergirse en tintes naturales: la chilca para los anaranjados, el suico para los amarillos y el piquillín para los tonos más oscuros. Cada color se combina con grises, blancos, negros y marrones, dando vida a patrones que evocan el paisaje y la historia del noroeste.
Los dibujos y las guardas del poncho son más que decoraciones; son símbolos de los cerros de Pocho, el Cerro Azul, Salsacate y Chancaní. Así, el poncho no solo cubre el cuerpo, sino que envuelve al portador en la esencia de Córdoba.
Trabajo y orgullo en cada hilo
Para las familias de Pocho, el tejido es una fuente de sustento. Erick enfatizó la importancia de preservar estos saberes y transmitirlos a las nuevas generaciones. “Los tejidos deciden con quién se van, y estoy feliz de que este viaje sea con usted, Gobernador”, le dijo al encuentro de junio.
La pieza que ahora llevará al Papa es un testimonio vivo de la labor comunitaria y de la capacidad de Córdoba para combinar tradición y modernidad. Al entregar el poncho, el gobernador no solo ofrece un regalo, sino un mensaje de identidad, resiliencia y orgullo cordobés.
Un regalo que trasciende fronteras
El poncho será presentado al Papa León XIV durante la ceremonia de bienvenida en la Catedral de Córdoba. Con él, la provincia mostrará al mundo la riqueza de su tejido cultural y la fuerza de sus manos artesanas.
Entre tradición y futuro
La historia del poncho de Pocho ilustra cómo la cultura local puede convertirse en un puente entre la historia y el presente. Al llevar este regalo al Papa, Córdoba demuestra que la identidad cordobesa puede ser un faro de orgullo y esperanza para las generaciones futuras.
Un legado tejido con pasión
La visita del Papa a Córdoba será recordada no solo por la solemnidad de los actos, sino por el poncho que, tejido con manos cordobesas, llevará la esencia de Pocho al mundo entero. Es un recordatorio de que la tradición, cuando se comparte con pasión y respeto, puede trascender fronteras y unir corazones.
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