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La “flota fantasma” de Irán se deshace: el bloqueo estadounidense agota su reserva flotante de crudo

La “flota fantasma” de Irán se deshace: el bloqueo estadounidense agota su reserva flotante de crudo

El bloqueo naval de Estados Unidos ha dejado a Irán sin el crudo almacenado en sus reservas flotantes, que durante la guerra con China fueron la última fuente de liquidez para el régimen. A mediados de octubre, las mediciones de Kpler revelaron que los barcos que albergaban cientos de millones de barriles habían sido vaciados por completo, dejando a Teherán sin un respaldo estratégico que había sostenido su economía en tiempos de sanciones.

La estrategia de la flota fantasma

Desde la primavera de 2022, Irán había convertido a los puertos de Malasia y Singapur en un punto de anclaje para sus buques petroleros. Con cientos de contenedores de crudo a bordo, la nación lograba vender el petróleo gradualmente a refinerías chinas, evitando así la caída de los precios en el mercado internacional. El bloqueo de Washington, que se intensificó en abril, impidió que nuevos cargamentos fueran reabastecidos, y la estrategia de almacenamiento temporal perdió su función de respaldo financiero.

La firma de seguimiento energético Kpler reportó que antes del bloqueo la reserva flotante alcanzaba unos 135 millones de barriles, valorados en más de 10 mil millones de dólares. Cuando el bloqueo se levantó temporalmente en junio para negociaciones de paz, el stock se recuperó a cerca de 90 millones de barriles, pero en menos de tres meses se evaporó por completo. El último informe de Kpler, fechado el 5 de octubre, mostró menos de un millón de barriles restantes, y el 9 de octubre ya se contabilizó su agotamiento total.

El impacto en el mercado global y en la economía argentina

La desaparición de la flota fantasma ha alterado la dinámica del mercado de crudo, obligando a las refinerías chinas a buscar nuevos proveedores, como Brasil y África occidental. Este cambio ha incrementado la volatilidad de los precios y ha generado un efecto dominó en los países que dependen de las importaciones de petróleo, entre ellos Argentina.

El país sudamericano, que importa cerca de 1,5 millones de barriles diarios, ha visto cómo el aumento de los precios internacionales eleva el costo del combustible y, por ende, el precio al consumidor final. La inflación, que ya se encontraba en niveles preocupantes, se ve alimentada por la mayor carga fiscal que implica la importación de crudo a precios más altos.

Para la industria petrolera argentina, la situación también implica un reto logístico. Las empresas de refino, que operan con márgenes estrechos, deben renegociar contratos de compra y buscar alternativas de suministro que puedan ofrecer precios competitivos sin sacrificar la calidad del crudo.

La respuesta de Teherán y la mirada internacional

El gobierno iraní ha intentado compensar la pérdida de ingresos mediante el uso de tanques en desuso y el transporte terrestre de petróleo a países vecinos, aunque los analistas coinciden en que estas vías no pueden igualar los volúmenes que se perdieron en el mar. El almirante Brad Cooper, jefe del Comando Central de EE. UU., afirmó que el bloqueo ha privado a Irán de al menos 25 mil millones de dólares en ingresos petroleros.

El especialista de Kpler, Homayoun Falakshahi, señala que el objetivo de Washington es que la presión económica lleve al régimen a renegociar su programa nuclear o provoque protestas internas difíciles de manejar. En medio de la crisis, el gobernador del Banco Central de Irán, Abdolnaser Hemmati, ha declarado que la economía del país ha demostrado una buena capacidad de resistencia.

Un poco de historia sobre la flota flotante iraní

Las reservas flotantes de Irán no son un fenómeno reciente. Desde la década de 1970, el país ha utilizado buques petroleros como una herramienta de diversificación de su logística de exportación, evitando la dependencia exclusiva de puertos terrestres que podrían ser objeto de sanciones o ataques. La práctica de “transferencias entre petroleros” permitió a Irán ocultar el origen del crudo y mantener un flujo de ventas a países con restricciones, como China, durante la guerra comercial de la década de 1990.

Durante la última década, la flota se ha convertido en un elemento clave para la estrategia de supervivencia económica de Teherán, especialmente cuando las sanciones de la ONU y los bloqueos estadounidenses han golpeado de manera directa el sector petrolero. La capacidad de mover grandes volúmenes de crudo a través de aguas internacionales ha sido un salvavidas para la economía, pues ha permitido a Irán obtener divisas y financiar su aparato de defensa.

Con el agotamiento total de la flota, el régimen iraní se enfrenta a una nueva realidad: la necesidad de replantear su modelo de exportación y buscar rutas alternativas que no dependan de buques que puedan ser interceptados o sancionados. El futuro de la flota flotante iraní, por lo tanto, se presenta incierto, y su desaparición marca el fin de una era de evasión estratégica que ha durado más de cuatro décadas.

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