Bukangi, el tiburón coreano que convirtió a Busan en una atracción masiva
Un tiburón que se negó a volver al mar y atrajo a más de un millón de curiosos.

Bukangi, el tiburón coreano que convirtió a Busan en una atracción masiva
Durante más de un mes, el tiburón apodado Bukangi nadó sin permiso por el canal de North Port, en la ciudad surcoreana de Busan, generando una verdadera fiebre entre los vecinos y turistas. El 21 de octubre, tras tres intentos, los equipos de rescate lo condujeron fuera del canal, pero a la madrugada siguiente el animal volvió a colarse bajo una de las redes instaladas. El Ministerio de Océanos de Corea del Sur confirmó que el tiburón sigue dentro del cauce, atrapado entre barreras que pretenden facilitar su regreso al mar abierto.
El operativo de rescate: entre redes y buzos
Las autoridades coreanas desplegaron una serie de plataformas flotantes, redes de diferentes diámetros y buzos especializados para guiar a Bukangi hacia aguas más profundas. La primera fase consistió en colocar una red exterior que delimitara el acceso al canal y una segunda barrera a 30‑40 metros del interior. Cuando el tiburón logró escabullirse bajo la primera malla, los técnicos abrieron esa red y reforzaron la interna, esperando que la corriente lo empujara fuera del paso. Según el propio Ministerio, el estado del animal se mantiene estable y se sigue monitoreando, aunque no se planifican nuevas maniobras activas.
El fenómeno social: una millonada de visitantes
Lo que empezó como un suceso aislado se transformó en una verdadera atracción turística. La Corporación de Infraestructura de Busan informó que alrededor de 1,6 millones de personas se acercaron al canal para observar al tiburón, convirtiendo la zona en una “zona de selfie” permanente. Comercios locales, puestos de comida y vendedores ambulantes vieron un pico de ventas sin precedentes, y los hoteles reportaron una ocupación superior al 90 % durante el fin de semana del avistamiento. La movida generó debates sobre la seguridad, la conservación y el aprovechamiento económico de un animal que, según el Instituto Nacional de Ciencias Pesqueras, pertenece a una especie de tiburón oscuro catalogada en peligro de extinción por la UICN.
¿Qué dice la ciencia? Riesgos, temperatura y especies en peligro
Expertos marinos apuntan a que el aumento de la temperatura del océano Pacífico‑Oriental, asociado al cambio climático, podría estar impulsando la aparición de tiburones en áreas costeras donde antes eran raros. En la costa este de Corea del Sur, los avistamientos de tiburones han crecido en los últimos años, y Bukangi se sumó a esa tendencia como un caso extremo. La presencia prolongada del animal en un entorno urbano también generó preocupación por la calidad del agua, la posible contaminación y el estrés que sufre al estar atrapado entre redes metálicas.
De Busan a Córdoba: lecciones para nuestras costas
Desde la perspectiva cordobesa, la historia de Bukangi nos recuerda que la interacción entre fauna marina y ciudades no es exclusiva de Asia. En la costa argentina, la aparición de tiburones ballena en la zona de Mar del Plata ha generado un boom turístico similar, con cientos de miles de visitantes que acuden a observar a los gigantes del mar. Sin embargo, la gestión de esos avistamientos ha sido distinta: las autoridades locales han optado por protocolos de observación pasiva, evitando la captura o la manipulación directa del animal.
El caso coreano plantea preguntas importantes para la provincia de Córdoba, que aunque no tiene salida al mar, sí comparte la preocupación por la conservación de especies en peligro y el potencial económico del ecoturismo. Los empresarios de la región podrían aprender de la experiencia de Busan, equilibrando la generación de ingresos con la protección del medio ambiente, evitando que la curiosidad del público se convierta en una amenaza para la fauna.
En definitiva, Bukangi se convirtió en una celebridad inesperada, pero también en una señal de alerta sobre cómo el cambio climático está alterando los patrones de vida de los depredadores marinos. La historia nos invita a reflexionar sobre la responsabilidad de los gobiernos y la sociedad civil para crear políticas que permitan disfrutar de la naturaleza sin poner en riesgo su equilibrio, tanto en Corea como en la costa argentina.
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