Córdoba

La Perla renace: el Consejo Directivo de la Facultad de Artes transforma la memoria en acción

Una sesión extraordinaria en el centro clandestino de detención La Perla selló compromisos institucionales y devolvió la voz a los desaparecidos.

Visitar un Espacio de Memoria puede convertirse en una experiencia transformadora, sobre todo cuando la visita se enmarca dentro de una reunión institucional. El pasado lunes, la rutina de gestión y los debates académicos de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) abandonaron sus aulas para instalarse en el lúgubre recinto de La Perla, el antiguo Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio que cobró la vida o el destino de más de 2.500 personas durante la última dictadura. La sesión, celebrada a escasas horas del aniversario de la Noche de los Lápices, se convirtió en un reencuentro con un pasado que aún sangra en la conciencia colectiva cordobesa.

Una visita que trasciende la burocracia

Al cruzar el umbral de los edificios de ladrillo visto, que recuerdan a una escuela rural o a una caballeriza, se percibe la contradicción entre la arquitectura sobria y los horrores que allí se gestaron. El paisaje sereno de las sierras cordobesas, con sus cumbres que se dibujan en el horizonte, contrasta con la violencia que el Estado perpetró contra sus propios ciudadanos. Los guías de La Perla, con una narrativa clara y humanizada, convierten la crudeza del relato en una herramienta pedagógica: la memoria no se queda en el recuerdo, sino que se vuelve un llamado a la acción y a la reparación.

Decisiones históricas en La Perla

El encuentro tuvo un fuerte componente práctico. Entre los puntos aprobados, se oficializó el nuevo nombre del Centro de Conservación, Documentación Audiovisual y Cinemateca como “Raymundo Gleyzer”, en honor al periodista y militante desaparecido. Además, se creó una Comisión para la Restitución de Legajos de personas detenidas‑desaparecidas y asesinadas durante el terrorismo de Estado, una medida que busca devolver a las familias la posibilidad de conocer la verdad sobre sus seres queridos.

La sesión estuvo presidida por la decana Alicia Cáceres, pero contó con la presencia conmovedora de Ana María Mohaded, ex decana de la Facultad y sobreviviente de La Perla, quien había sido secuestrada y torturada en ese mismo sitio. Su testimonio, al cierre del encuentro, marcó un hito emotivo: una mujer que vivió el horror volvió a ocupar un espacio de poder institucional para reivindicar a quienes aún permanecen desaparecidos.

Voces que resonaron en el Consejo Directivo

Entre los participantes se encontraban Tamara Pez, secretaria de Derechos Humanos y Diversidad de la Provincia, María Cristina, directora del Archivo Provincial de la Memoria, Noel Tabera, directora del Espacio para la Memoria La Perla, y Guadalupe Mías, coordinadora del Observatorio de Derechos Humanos de la UNC. Cada uno aportó una visión distinta pero convergente: la necesidad de que la política de memoria sea una tarea transversal, que involucre al Estado, a la academia y a la sociedad civil.

Tabera destacó que “convertir este sitio de horror en un espacio de vida” es una conquista que se construyó a lo largo de décadas. Para ella, la palabra “memoria” es coral, una suma de testimonios de sobrevivientes, familiares, vecinos del barrio Malagueño y de quienes hoy recorren La Perla. Pez, por su parte, subrayó que los espacios de memoria son actos de resistencia que generan comunidad donde antes había destrucción del tejido social.

El legado y la lucha por la memoria

Mohaded, además de leer un poema dedicado a su compañero desaparecido, recordó las palabras de Paulo Freire sobre la pedagogía de la esperanza, insistiendo en que la memoria no es una mirada nostálgica, sino una herramienta para transformar el presente. “El arte y la memoria siempre transforman el dolor en resistencia”, afirmó, resaltando el papel de la Facultad de Artes como agente de cambio.

La ex decana nombró a treinta estudiantes y docentes que fueron detenidos en La Perla, la mayoría todavía desaparecidos, y concluyó con una frase que quedó en el aire: “Aquellos que ustedes mataron, que quisieron desaparecer, están acá presentes, ahora y siempre”. Ese gesto simbólico cerró la sesión con la convicción de que la verdad y la justicia no pueden ser silenciadas.

Raíces de la memoria en Córdoba

El centro clandestino de La Perla fue creado en 1975 por la dictadura militar como parte de la red de centros de detención que operaban en la provincia. Su ubicación, a escasos kilómetros del campus central de la UNC, permitió a los represores operar bajo la sombra de la cotidianidad cordobesa. Tras la caída del régimen, el predio quedó abandonado hasta que, en 2004, la Comisión Provincial de la Memoria lo recuperó y lo transformó en un sitio de memoria abierto al público.

Desde entonces, La Perla ha sido escenario de innumerables actos de conmemoración, charlas, talleres y exposiciones artísticas que buscan mantener viva la historia de los desaparecidos. La colaboración entre la universidad, el Estado provincial y organizaciones de derechos humanos ha permitido que el sitio evolucione de un espacio de terror a un punto de encuentro para la reflexión y la educación.

Hoy, la Facultad de Artes se suma a esa tarea, no solo como guardiana del patrimonio cultural, sino como promotora de una memoria activa que alimenta la conciencia ciudadana. En un contexto nacional donde los debates sobre la memoria siguen siendo polémicos, la decisión de llevar la sesión del Consejo Directivo a La Perla envía un mensaje claro: la historia no se olvida, se construye día a día con el trabajo de quienes la recuerdan y la transmiten a las nuevas generaciones.

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