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Los partidos árabes se alzan con récord histórico y podrían descabezar a Netanyahu

En la madrugada del martes 31 de octubre, los sondeos de Kan 11, Canal 12 y Canal 13 mostraron que la Lista Árabe Unida (Raam) y la Lista Conjunta podrían sumar entre 17 y 18 escaños en la Knéset, la mayor representación árabe desde 1948. Ese salto de fuerza los coloca en una posición decisiva para frenar la continuidad del gobierno de Benjamin Netanyahu.

Un repunte sin precedentes en la Knéset

Los números son contundentes: Raam, liderada por Mansur Abbas, se perfila con siete diputados en todas las proyecciones, mientras que la Lista Conjunta, encabezada por el jurista Yousef Jabareen, alcanza diez o once escaños según la fuente. La última vez que la representación árabe superó los quince asientos fue en marzo de 2020, cuando Raam aún formaba parte de la Lista Conjunta. Ahora, con entre 17 y 18 curules, la comunidad árabe —que constituye alrededor del 21 % de la población israelí— duplica su peso parlamentario respecto a 2022, cuando ambos bloques sumaban apenas diez.

El bloque de Eisenkot y la carrera por los 61 escaños

El ex jefe del Estado Mayor, Gadi Eisenkot, lidera una coalición opositora que reúne a Yashar, B’Yachad (de los ex primeros ministros Naftali Bennett y Yair Lapid), los Demócratas de Yair Golan y Yisrael Beitenu de Avigdor Lieberman. En los sondeos, esa alianza suma 52 o 53 escaños, muy lejos del umbral de 61 necesario para formar gobierno. El bloque de Netanyahu, por su parte, se mantiene en 50 curules. La diferencia clave recae en los escaños árabes: sin ellos, el bloque de Eisenkot tendría que buscar alianzas imposibles con partidos ultraderechistas que, como ha reiterado Eisenkot, no cumplen los requisitos de reconocer a Israel como Estado judío‑democrático ni de condenar a Hamás como organización terrorista.

La estrategia del Likud y la tensión en los comicios

El Likud sigue siendo la fuerza más votada, con 24 o 25 diputados, por delante de Yashar (21‑23). En 2022, el Likud había alcanzado 32 curules y, sumado a la ultraderecha y los ultraortodoxos, había gobernado con 64 escaños. Netanyahu, fiel a su estilo de movilizar al electorado, acusó sin pruebas de fraude a los partidos árabes y organizó la presencia de casi 2 000 activistas sionistas‑religiosos en colegios electorales de localidades árabes. La campaña estuvo marcada por un aumento de la criminalidad en los barrios árabes y por el rechazo a figuras como Itamar Ben Gvir, ministro de la Policía, lo que impulsó una participación histórica del 77,7 % –la más alta en cuatro décadas.

Las voces árabes: entre la oposición y la oferta de gobierno

Aunque Raam y la Lista Conjunta no forman parte del bloque opositor, ambos han manifestado su disposición a “facilitar el camino” para una coalición sin Netanyahu. Abbas ha dejado claro que aspira a entrar en el Ejecutivo, mientras que la Lista Conjunta se muestra dispuesta a apoyar desde fuera. La experiencia de 2021, cuando Raam se sumó a la coalición de Bennett y Lapid convirtiéndose en el primer partido árabe independiente en integrar un gobierno, sirve como precedente para una posible negociación futura.

Ecos de la política árabe en la historia israelí

La movilización del electorado árabe no es un fenómeno nuevo, pero su magnitud en esta elección supera cualquier antecedente reciente. En 2022, la participación árabe rondó el 53 % frente al 70 % del resto del país; ahora, la cifra ha escalado, impulsada por la percepción de que los partidos ultraderechistas amenazan derechos básicos y por la creciente organización comunitaria. Este despertar político recuerda la década de los años 80, cuando la representación árabe alcanzó su primer hito significativo con la creación de la Lista Conjunta, aunque sin llegar a los números actuales.

Desde la fundación del Estado en 1948, los partidos árabes han luchado contra barreras electorales como el umbral del 3,25 % y la fragmentación interna. La unión reciente de Hadash, Ta’al y Balad, sin la participación de Raam, muestra una estrategia de consolidación que busca superar esos obstáculos. La historia también muestra que los partidos árabes han sido tradicionalmente excluidos de los gobiernos, salvo por breves excepciones, lo que convierte a la actual coyuntura en una oportunidad única para reconfigurar la balanza del poder.

En el plano internacional, la creciente representación árabe en la Knéset tiene repercusiones en la relación de Israel con sus vecinos y con la comunidad internacional, que observa con atención cualquier señal de moderación o de mayor inclusión de las minorías. Para la economía local, una posible coalición que incluya a partidos árabes podría traducirse en políticas de desarrollo más equitativas para el sur del país, donde se concentran gran parte de los ciudadanos árabes y donde la falta de inversión ha sido una queja constante.

Los resultados oficiales empezarán a publicarse a medianoche, hora local, y el proceso de recuento podría extenderse varios días. El presidente Isaac Herzog decidirá la próxima semana a quién encargar la tarea de formar gobierno, y el peso de los escaños árabes será, sin duda, una variable decisiva en esa ecuación.

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