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Un delfín ladino: Bubbles y el cleptoparasitismo que sorprende a la ciencia

Un delfín solitario aprende a robar la comida de los peces, revelando una sorprendente estrategia de supervivencia.

Un delfín mular común, apodado Bubbles, fue grabado entre 2021 y 2025 persiguiendo bancos de jureles frente a la isla Lady Elliot, en el sur de la Gran Barrera de Coral, para obligarlos a regurgitar su alimento y devorarlo. El hallazgo, publicado en Ecology and Evolution por la investigadora Asia Haines y el doctorando Romney Edwards‑Francis de la Universidad de Sunshine Coast, constituye la primera descripción detallada de cleptoparasitismo en un cetáceo.

Cómo funciona el “robo” de alimentos bajo el agua

Según los investigadores, Bubbles selecciona a un individuo del banco, lo persigue a alta velocidad y, mediante una serie de chasquidos y vocalizaciones de bajo tono, induce una respuesta de estrés que hace que el pez expulse el contenido de su estómago. El delfín, siempre en solitario, se sitúa justo detrás del jurel y se alimenta de los restos, evitando así el gasto energético que implica capturar una presa viva. En 11 observaciones documentadas, el animal repitió la misma secuencia, lo que sugiere una estrategia aprendida y afinada con el tiempo.

¿Por qué Bubbles actúa en solitario?

Los delfines mulares suelen cazar en grupos, pero Bubbles se mantuvo aislado durante todas las grabaciones. Edwards‑Francis plantea que la táctica de cleptoparasitismo reduce el esfuerzo físico y permite al individuo obtener comida de alta calidad sin competir con sus congéneres. Además, al atacar peces con el estómago más lleno, maximiza la recompensa calórica, una ventaja evolutiva que podría explicar la aparición de este comportamiento singular.

Implicancias para la investigación y el turismo marino

El descubrimiento tiene resonancia en la comunidad científica cordobesa. En la provincia, el Instituto de Ciencias del Mar de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) lleva años estudiando la fauna cetácea de la costa atlántica, donde habitan delfines comunes y especies como la tonina. La posibilidad de que comportamientos similares se den en nuestras aguas abre una nueva línea de investigación que podría beneficiarse de la tecnología de drones submarinos, ya utilizada por el equipo australiano.

Desde el punto de vista turístico, la novedad de un delfín “ladrón” genera curiosidad internacional y podría traducirse en mayor afluencia a los avistamientos de cetáceos en la costa de la Patagonia y la zona de Mar del Plata. Los operadores locales podrían diseñar recorridos educativos que expliquen la flexibilidad alimenticia de los delfines, contrarrestando la visión romántica de “animales siempre amigables” y fomentando una percepción más realista y respetuosa.

De la Gran Barrera a la costa cordobesa: lecciones para la investigación marina

Argentina posee una tradición de estudio de mamíferos marinos que se remonta a la década de 1970, cuando la Comisión Nacional de Investigaciones Científicas (CONICET) impulsó los primeros proyectos sobre delfines en la Bahía San Antonio. Hoy, la UNC y el Instituto Oceanográfico de la Universidad Nacional del Sur (UNS) continúan ampliando el conocimiento sobre la ecología de estos cetáceos, pero la mayoría de los estudios se enfocan en la alimentación directa y la migración.

El caso de Bubbles muestra que la conducta alimentaria puede ser mucho más compleja y que la observación prolongada bajo el agua es esencial. Incorporar drones de superficie y cámaras de alta definición en los programas de monitoreo argentino permitiría capturar comportamientos raros, tal como lo hizo el equipo australiano, y abriría la puerta a descubrimientos que podrían repercutir en la gestión de recursos pesqueros y en la conservación de especies vulnerables.

En última instancia, entender que los delfines pueden “robar” comida a otras especies nos invita a replantear nuestras políticas de protección. Si los cetáceos son capaces de adaptarse a entornos cambiantes mediante estrategias tan ingeniosas, la conservación debe considerar no solo la preservación de hábitats, sino también la dinámica de interacciones entre especies, una lección que los científicos cordobeses están listos para aplicar.

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