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Ursula von der Leyen propone a Canadá como primer “miembro asociado” de la UE: una jugada que podría repercutir en la Argentina

Von der Leyen propone a Canadá ser el primer miembro asociado de la UE, una alianza que podría repercutir en la región.

Ursula von der Leyen propone a Canadá como primer “miembro asociado” de la UE: una jugada que podría repercutir en la Argentina

Estrasburgo, 18 de septiembre de 2026 – La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ofreció este miércoles al primer ministro canadiense, Mark Carney, la posibilidad de que Canadá se convierta en el primer “miembro asociado” del bloque de 27 países. La propuesta, anunciada ante el Parlamento Europeo, incluye una agenda de cooperación en tecnología, defensa, energía y minería crítica, y abre la puerta a una alianza estratégica que, según la propia von der Leyen, debe ir más allá del comercio para convertirse en una “alianza para el futuro”.

Una propuesta sin precedentes y su marco institucional

El concepto de “miembro asociado” nunca había sido contemplado en los tratados de la UE. La idea surgió a principios de año en Alemania, cuando el canciller Friedrich Merz la planteó como alternativa a la plena adhesión de Ucrania. En el caso de Canadá, la iniciativa busca formalizar una relación que ya se encuentra muy cercana: el Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA) ha eliminado la mayor parte de los aranceles desde 2016, impulsando un crecimiento del comercio bilateral superior al 80 % en los últimos diez años.

Sin embargo, la transformación de esa cooperación comercial en una asociación política y de defensa implica la aprobación de todos los Estados miembros, un proceso que según los legisladores europeos todavía está en fase de discusión. El europarlamentario alemán Tobias Cremer admitió que “todavía no sabemos bien qué significa”, pero subrayó que la lógica de una mayor cercanía tiene sentido “de manera inherente”.

Qué significa para la industria y la tecnología argentina

Para la Argentina, la posible asociación entre la UE y Canadá abre una serie de oportunidades y desafíos. En los últimos años, el país ha buscado diversificar sus mercados y reducir la dependencia de Estados Unidos y China. Una UE‑Canadá más integrada podría traducirse en mayores inversiones en sectores donde ambos bloques ya son líderes: inteligencia artificial, baterías de litio y minerales críticos, áreas en las que la Argentina posee abundantes recursos, sobre todo en la región de la Puna y la Patagonia.

Empresas argentinas de tecnología, como Globant y Mercado Libre, podrían beneficiarse de programas de financiación conjunta entre el Banco Europeo de Inversiones y fondos canadienses, facilitando la expansión de sus centros de I+D en Europa. Asimismo, la propuesta de integrar bases industriales de defensa abre la puerta a la participación de la industria aeroespacial cordobesa, que ya colabora con la empresa española Airbus y con la firma brasileña Embraer.

En el plano energético, la mención de proyectos de gas natural licuado (GNL) y de cooperación en energías renovables sugiere que la Argentina, con su potencial eólico y solar, podría posicionarse como un proveedor estratégico dentro de la nueva cadena de suministro del bloque. La posibilidad de que el BEI financie proyectos de extracción de litio y níquel en la zona del Salar de Cauchari, por ejemplo, podría reactivar la industria minera que hoy está estancada por la falta de capital.

Reacciones y críticas dentro de la UE y en Canadá

La propuesta no ha sido unánime. La eurodiputada francesa Manon Aubry (Izquierda) cuestionó la legitimidad democrática del proceso, preguntando “¿Quién le dio un mandato popular para hacer eso?”. Por otro lado, la líder del grupo centrista Renew, Valerie Hayer, pidió ampliar la asociación a la educación y a la respuesta conjunta ante aranceles y coerción comercial.

En Ottawa, el embajador canadiense ante la UE, Jonathan Wilkinson, destacó ejemplos concretos de cooperación: un acuerdo para enviar GNL a Alemania y la inversión de la firma de IA Cohere en territorio europeo. Además, Canadá busca cerrar un convenio que permita al BEI financiar proyectos de minerales críticos, lo que podría traducirse en una mayor presencia de capital europeo en la extracción argentina.

El propio Mark Carney, que ha sido un impulsor de los lazos transatlánticos, mantuvo conversaciones con von der Leyen antes de su visita a Gran Bretaña, subrayando que “el poder no le pertenece al más fuerte, sino a todos nosotros” y que la alianza con la UE es una forma de contrarrestar la presión de Estados Unidos y la competencia de China.

¿Qué implica para la Argentina y el Cono Sur?

Si la UE y Canadá consolidan esta asociación, la Argentina podría verse beneficiada por una mayor estabilidad del marco regulatorio internacional, lo que facilitaría la exportación de productos de alta tecnología y de recursos estratégicos. Además, la posibilidad de participar en proyectos de defensa conjunta podría impulsar la modernización de la industria militar nacional, que busca alinearse con los estándares europeos.

En el plano político, una UE‑Canadá más unida enviaría una señal clara a Washington y Pekín de que las democracias pueden crear redes de cooperación robustas sin depender exclusivamente de los Estados Unidos. Para la Argentina, que está negociando su propia agenda de diversificación comercial, eso representa una ventana de oportunidad para posicionarse como puente entre América del Sur y los mercados del Norte.

Finalmente, la iniciativa plantea preguntas sobre la soberanía y la toma de decisiones: ¿Hasta qué punto los países latinoamericanos podrán influir en una alianza que se construye entre dos bloques ya consolidados? La respuesta dependerá de la capacidad de la región para ofrecer valor añadido, como recursos críticos, talento tecnológico y una posición geopolítica estratégica en el Ártico y el Atlántico Sur.

Raíces y precedentes de una cooperación transatlántica

La relación entre la UE y Canadá no es nueva. Desde la firma del CETA en 2016, los intercambios comerciales se han disparado, y en 2024 Canadá se convirtió en el primer país fuera de la UE en acceder a un programa de préstamos para defensa. Ese antecedente sentó las bases para que la propuesta de von der Leyen sea vista como una evolución natural, no como una ruptura.

Históricamente, la UE ha buscado socios estratégicos fuera de sus fronteras para reforzar su autonomía estratégica. En la década de los 90, se establecieron acuerdos con Japón y Corea del Sur; hoy, la mirada se dirige al hemisferio norte, donde Canadá comparte valores democráticos y una economía basada en la innovación.

Para la Argentina, entender estos precedentes es clave. Cada vez que la UE amplía su red de alianzas, se generan oportunidades de negocio y de transferencia tecnológica que pueden ser aprovechadas por empresas locales, siempre que se mantenga una política activa de atracción de inversiones y de alineación normativa.

Perspectivas a corto plazo

La cumbre UE‑Canadá prevista para el próximo mes en Montreal será el escenario donde se definirán los primeros pasos concretos. Se esperan acuerdos en áreas de IA, ciberseguridad y proyectos de energía verde, que podrían abrir la puerta a fondos europeos para iniciativas argentinas de energía renovable.

Mientras tanto, los legisladores europeos continuarán debatiendo la forma jurídica de la asociación. En Argentina, el Ministerio de Relaciones Exteriores y la Secretaría de Comercio Exterior ya están monitoreando la evolución, con la intención de presentar propuestas de cooperación que aprovechen la nueva dinámica.

En síntesis, la oferta de von der Leyen representa una jugada diplomática que trasciende el simple comercio y abre la posibilidad de una alianza estratégica de gran alcance. Para la Argentina, la clave estará en transformar esa coyuntura en proyectos concretos que impulsen la industria, la tecnología y la energía del país.

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