Salud

Del yodo perdido a la salud recuperada: la historia del cretinismo en los Alpes y su eco en la cordilleran argentina

Del yodo perdido a la salud recuperada: la historia del cretinismo en los Alpes y su eco en la cordilleran argentina

En el siglo XIX la escasez de yodo convirtió a los pueblos de los Alpes franceses y suizos en focos de una enfermedad conocida como cretinismo. Hoy, a más de 150 años de los primeros estudios de Theodor Kocher, la misma deficiencia vuelve a asomar en regiones altas de la Patagonia, recordándonos que la historia médica es una lección continua para nuestro laburo cotidiano.

Los Alpes, territorio de leyendas y de bocios gigantes

Antes de que el Tour de Francia hiciera glorificar sus puertos, los Alpes y los Pirineos eran vistos como parajes inhóspitos, donde la vida era dura y la gente, cerrada. Los viajeros romanos ya describían una “anomalía física y mental” entre los habitantes de esas alturas. Con el paso del tiempo, la palabra francesa chrétien (cristiano) se deformó en cretin, y el término pasó a significar “estúpido” por la evidente limitación cognitiva que mostraban muchos afectados.

Los síntomas eran claros: bocio pronunciado, enanismo (a veces menos de un metro de altura), piel rígida, escaso vello y, sobre todo, retraso mental de distintos grados. La causa, aunque sospechada, se mantuvo en el misterio durante décadas, alimentando teorías que iban desde el “aire malsano de la montaña” hasta la endogamia de comunidades aisladas.

El descubrimiento de Kocher y la revolución del yodo

Todo cambió cuando el cirujano suizo Theodor Kocher, futuro Nobel 1910, estudió la tiroides en los cantones de Valais, donde la enfermedad era endémica. Kocher demostró que la falta de producción de hormona tiroidea –debida a una deficiencia congénita de yodo– era la raíz del problema. El yodo, esencial para la síntesis de tiroxina, estaba ausente en los suelos alpinos, pues la mayor parte del mineral llega a la tierra a través de la lluvia marina, y esas regiones montañosas recibían precipitaciones pobres en este nutriente.

Con esa evidencia, los gobiernos suizos y franceses comenzaron a experimentar con la yodación de la sal. En 1922 Suiza lanzó el primer programa nacional de yodificación, y en pocos años la prevalencia de cretinismo cayó de 7 casos por cada 1.000 habitantes a menos de 1. La medida se extendió a nivel mundial, convirtiéndose en una de las primeras intervenciones de salud pública basadas en evidencia científica.

Eco cordillerano: la Patagonia y la deficiencia de yodo

Si bien la historia del cretinismo parece confinada a los Alpes, la realidad es que la escasez de yodo también afecta a la cordillera de los Andes. En la zona norte de la provincia de Córdoba y en la Patagonia, suelos pobres en yodo y dietas basadas en carne y pan sin sal yodada generan vulnerabilidad en poblaciones rurales. Estudios del Instituto Nacional de Salud (INS) revelan que, aunque la yodación de la sal está regulada, el consumo creciente de sales gourmet y alimentos procesados sin yodo ha reavivado casos de deficiencia ligera, especialmente en niños de comunidades aisladas.

Para los médicos cordobeses, la lección es clara: la vigilancia de la ingesta de yodo sigue siendo un tema de salud pública. La falta de yodo no solo provoca bocio, sino que, en niños, puede afectar el desarrollo cognitivo y escolar, repercutiendo directamente en el futuro laboral y económico de la región. En este sentido, la historia alpina sirve como espejo de los desafíos que enfrentamos en nuestras propias montañas.

Del pasado al presente: la yodación como política de salud

Hoy, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la yodación universal de la sal, y la mayoría de los países cumplen con el objetivo. Sin embargo, la tendencia global hacia sales sin yodo y dietas bajas en lácteos vuelve a poner en jaque la seguridad nutricional. En Argentina, la normativa exige que la sal de mesa contenga entre 20 y 40 mg de yodo por kilogramo, pero la vigilancia es irregular en provincias con alta producción artesanal de sal.

Los laboratorios de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) están desarrollando kits de diagnóstico rápido para detectar deficiencia de yodo en áreas rurales, una iniciativa que podría evitar la reaparición de brotes de cretinismo en la cordillera. Además, proyectos de educación alimentaria en escuelas de la zona andina buscan concientizar a padres y docentes sobre la importancia de la sal yodada y el consumo de alimentos ricos en este mineral, como pescados y mariscos.

Montañas, turismo y salud: un futuro más seguro

El turismo de montaña ha transformado a los Alpes y a la Patagonia en destinos de lujo. Sin embargo, la salud de los habitantes locales sigue siendo crucial para mantener la calidad de los servicios turísticos. La historia del cretinismo nos recuerda que la falta de un micronutriente puede desencadenar problemas de salud que, a la larga, repercuten en la economía regional.

En la era del “slow tourism”, los viajeros buscan experiencias auténticas, y parte de esa autenticidad depende de la salud de las comunidades que los reciben. Por eso, gobiernos locales y nacionales deben seguir invirtiendo en programas de yodación, control de calidad de la sal y campañas de educación nutricional, garantizando que la montaña siga siendo un lugar de vida y no de enfermedad.

Raíces de una enfermedad: de los Alpes a la Patagonia

El cretinismo, hoy conocido como Síndrome Congénito de Deficiencia de Yodo (CIDS), nació de la combinación de geología, clima y hábitos alimenticios. En los Alpes, la escasa presencia de yodo en el suelo y la falta de comercio marítimo impedían que la población obtuviera este mineral esencial. En la Patagonia, la situación es similar: suelos áridos, escasa producción agrícola y una dieta que históricamente dependía de la carne de vacuno y cordero.

Durante el siglo XIX, los médicos europeos catalogaban a los “cretinos alpinos” como una curiosidad anatómica, sin comprender la causa subyacente. Fue sólo con la investigación de Kocher y la posterior identificación del yodo que se abrió la puerta a la prevención. En Argentina, la investigación de la Universidad Nacional de Cuyo en 2021 demostró que el 12 % de los niños de zonas altoandinas presentaban niveles de yodo en la orina por debajo del umbral recomendado, lo que subraya la necesidad de políticas públicas similares a las suizas.

El legado de los Alpes, entonces, no es sólo histórico; es una guía para evitar que la falta de yodo vuelva a ser una amenaza en nuestras propias montañas. La yodación de la sal, la diversificación de la dieta y la educación sanitaria son las armas que, como en Europa hace un siglo, pueden erradicar el CIDS de la Patagonia y de cualquier zona alta del mundo.

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